Cultura y Espectáculos

Javier Santamaría cumplió 50 años tras el chelo de la Orquesta UdeC

El músico cumplió 50 años como miembro de la agrupación musical universitaria. Destaca por ser el primer instrumentista en alcanzar esa marca.

Por: Sandar Oporto | 08 de Enero 2019
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Con el inicio de 2019,  la Orquesta Sinfónica UdeC conmemoró un hecho histórico: por primera vez uno de sus músicos cumplió 50 años en sus filas. Se trata de Javier Santamaría, chelista que ingresó a la orquesta UdeC el 2 de enero de 1969, y quien por estos días ha recibido decenas de saludos y elogios por su trayectoria.

En una íntima reunión en el Teatro UdeC el pasado viernes, directivos de Corcudec y miembros de la orquesta homenajearon al músico con un diploma reconocimiento por sus cinco décadas de trabajo para la Sinfónica. Al día siguiente, en el concierto “Música de Películas”, Claudia Muñoz, vicerrectora de Relaciones Institucionales y Vinculación con el Medio UdeC y presidenta del directorio Corcudec ofreció unas palabras en honor a Santamaría y dedicó el concierto a su persona.

El instrumentista ha estado desde niño vinculado  a la música. El también profesor en Curanilahue hace 25 años se declara fanático de compositores como Beethoven, Shostakovich o Stravinski y, sobre todo, Bach. Cuenta que en su casa había varios instrumentos y que con sus ocho hermanos aprendieron a tocar piano. Luego él quiso acercarse a un conservatorio a estudiar flauta traversa, pero no había profesor de ello. “Llegó un profesor de chelo a Concepción el año 62 y yo pude tomar clases regulares con él y a un año ya tocaba”, cuenta.

El músico se dedicó al chelo desde los 14 años y no pensó que tras entrar a la Orquesta Sinfónica estaría tanto tiempo en la agrupación, donde ha pasado por todos los puestos de este instrumento y actualmente ocupa el quinto lugar de siete chelistas.

Él llegó un 2 de enero de 1969 motivado por reunir dinero para viajar con dos amigos tras salir del colegio. Los planes no salieron como esperaba y se quedó haciendo lo que más disfruta: tocar el chelo. “Cuando vas a trabajar y te gusta lo que haces, vas contento. No sé si mucha gente puede decir eso. Y yo me siento bendecido por poder hacerlo”. Palabras a las que agrega que su pasión nace, porque “la música es lo que te entretiene, te emociona. Es parte de tu vida”.

De estos años de trabajo rescata el “ser muy humilde, siempre aceptar los consejos de los demás, no poner adelante el yo. Aceptar cuando te dicen una crítica como una enseñanza”.

Respecto a su trabajo con sus pares de la agrupación universitaria, Santamaría es plenamente cercano. En cuanto a los más jóvenes, explica que el trato “primero es distante, me dicen maestro, pero después uno los acoge y se sienten cómodos. Te tratan de usted y les digo, por favor, somos colegas. Tutéame si somos iguales.”

“Esta orquesta tiene una cosa muy importante que es el sentido  de amistad. Es como una familia haciendo música. Desde fuera se siente ese ambiente de afecto y cariño. Muchos directores llegan y lo notan”, cuenta.

Para el chelista, la mayor satisfacción es cuando logra una ejecutar correctamente una pieza de gran dificultad junto a sus pares. “Es subir de aquí a allá arriba y sientes mucha alegría por eso, estás navegando en un mismo bote y todos remando para el mismo lado con toda esa energía. Y esa cosa se potencia, nos comunicamos unos con otros, yo no puedo tocar solo, yo estoy escuchando a mi colega y quiero que toque lo mejor posible”, señaló.

Para finalizar explica que “cuando sale bien estás contento, pero nunca totalmente, porque siempre podría ser mejor y eso hace que tú sigas tratando de mejorar”.

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