Cultura y Espectáculos

Hotel Transylvania 3: Monstruos de vacaciones

Nuevamente dirigida por el animador Genndy Tartakovsky, esta tercera entrega tiene el mismo espíritu que sus antecesoras y es la mejor de la trilogía.

Por: Esteban Andaur | 12 de Agosto 2018
Fotografía: Película

Soy un fan del animador ruso Genndy Tartakovsky. Desde que era niño, vi y amé sus creaciones para Cartoon Network, El laboratorio de Dexter y la innovadora Star Wars: Guerras Clónicas, incluso su influencia en Las Chicas Superpoderosas me hizo fan de esa serie, entonces llamada Las Chicas Coquetas. Ya era grande cuando se estrenó Samurái Jack, y quizá por eso sigo pendiente con esa serie, considerada su mejor trabajo.

Desde Hotel Transylvania (2012) que es director de cine, y su estilo colma los fotogramas de esta y sus dos secuelas, Hotel Transylvania 2 (2015) y Hotel Transylvania 3: Monstruos de vacaciones (2018), la cual coescribió con el guionista de comedia Michael McCullers.

La franquicia de animación en CG es una de las más exitosas de los últimos años, siendo muy populares con el público y amantes de la animación, aunque no han tenido tanto éxito con la crítica.

Yo creo que son entretenimientos familiares encantadores y deliciosos a la vista, como suele ser el trabajo de Tartakovsky. El tipo de filmes que, si no entras al cine con una sonrisa y esperando sonreír aún más, probablemente, tu pesimismo o tu cinismo mermará bastante el efecto. Y aquí hay ingenio y visualidad colorida para regodearse.

En esta tercera entrega vemos al Conde Drácula (en la voz de Adam Sandler) ensimismado en su rutina de hotelero, mientras intenta tener una cita con alguien luego de cien años de haber fallecido su esposa. Utiliza una versión de Tinder para monstruos, llamada, naturalmente, Zingr. Su hija Mavis (Selena Gómez) advierte su estrés y le arregla a toda la familia y, de paso, a la prole de personajes fantásticos sacados del imaginario popular del terror literario que son los huéspedes del hotel, un crucero, a lo cual Drácula protesta, arguyendo lo insólito que es ir de vacaciones a un <>. Bueno, tiene razón. Pero allí conoce a una humana, la capitana de la embarcación, Ericka (Kathryn Hahn), con quien hace zing, mas ella guarda un secreto: su apellido es Van Helsing, lo cual no es buen agüero para ningún vampiro.

La película no es por completo una historia romántica, aunque el amor sea el elemento principal. Al igual que las entregas anteriores, está estructurada como una serie de gags desopilantes y disparatados, uno tras otro, donde el comportamiento inverosímil, elástico, bobo, explosivo, irritante y asqueroso, es la quintaesencia de estos personajes. El ambiente está lleno de muecas hiperbólicas y efectos de sonido típicos del Cartoon Network de los 90. Es un respiro tener una pieza animada en el multicine con este enfoque estético.

Quizá ésta sea la entrega de Hotel Transylvania más personal de Tartakovsky; puede que lo diga ya que en el tercer acto la imaginación desplegada en pantalla es abrumadora y porque los sentimientos son elevados a un punto de compromiso y empatía total hacia los personajes, incluso dentro de una atmósfera bufonesca.

Tal vez la recepción poco entusiasta de esta franquicia se deba, en parte, al trabajo previo del elenco de voces, en específico, las colaboraciones entre Sandler, David Spade, Steve Buscemi, Kevin James y Andy Samberg; aunque tal juicio es un despropósito. Este filme es adorable.

Pienso que esta trilogía apela más a una sensibilidad adolescente que familiar. Hay chistes que contienen indirectas, obvias para espectadores jóvenes y mayores, pero no creo que para niños. Por otra parte, aprecio el desenfado del humor ante las flatulencias. Extrañé más desarrollo de Johnny, personaje de Samberg, pese a que escuchar su música de pinchadiscos fue una verdadera fiesta en mi butaca.

Hotel Transylvania 3: Monstruos de vacaciones es la mejor película de las tres que van, posee una visión personal, y está hecha con afecto por los personajes, su universo y nosotros, el público. Vaticino una o dos secuelas en los próximos años, y espero que sean igual de deleitosas.

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