Cultura y Espectáculos

Jumanji: En la selva supera todas las expectativas

Por: Esteban Andaur | 06 de Enero 2018
Fotografía: Cedida

Pese a que los trailers auguraban algo trillado y aburrido, la secuela del filme de Robin Williams ofrece ingenio y una historia más sólida en cuanto a desarrollo de personajes.

…Sí, porque esperar 22 años por la secuela de un taquillazo de los 90 es lo más normal del mundo. No, para nada, es broma. Jumanji (1995) es todavía recordada con cierto respeto, creo, por el carisma avasallador de Robin Williams, uno de los actores más queridos por el público infantil de los 90, del cual yo formé parte. Pero la película no ha envejecido bien: viéndola ahora resulta bien terrorífica, plana, y los efectos especiales, tan impactantes en su tiempo, lucen bastante anticuados. La Jumanji original carece de harta alegría. Lo que hace de la existencia de Jumanji: En la selva (2017), su secuela, algo por completo antojadizo y desconcertante. Como que nadie la pidió.

Jumanji, el tablero mágico cuyos desafíos al jugarlo, en el primer filme, se transformaban en peligros tangibles en el mundo real, es ahora un videojuego. En realidad, esta secuela se trata de una nueva adaptación del libro homónimo de Chris Van Allsburg, y que contiene elementos de la cinta original pero no guarda una conexión estrecha con ésta. Por lo que es casi-una-secuela.

Debo decir que cuando era niño, acariciaba la posibilidad de que hicieran una segunda parte, entonces ya bastante habituales, sin importar que fueran producciones para cine o TV; pero una vez crecido, ya lo había olvidado por completo. Ahora bien, los ejecutivos en Sony Pictures Entertainment no: a falta de ideas, la nostalgia los llevó a desempolvar la postergada franquicia (con una serie animada y una <<secuela espiritual>> en Zathura: A Space Adventure [2005]) y decidieron añadir una nueva entrega.

Sin embargo, al visionar Jumanji: En la selva, quedé impresionado por el esmero invertido en un producto que no exigía nada de eso. La película respeta al público y en lugar de ofrecer novedad, que no puede, ofrece una historia bien contada. Y es obvio que, debido a su fecha de estreno, la historia está ambientada en la temporada navideña, para que así Sony la pudiera capitalizar; aunque la Navidad aquí sólo provee el contexto de la aventura.

Sorpresas en la jungla

Esta versión de Jumanji nunca va a ser considerada una pieza fundamental de la historia del cine, pero tiene un sabor clásico, digamos, en cuanto al cuidado que hay puesto en cada escena, tanto en sus objetivos como en sus diálogos, se refiere. No se conforma con acatar fórmulas narrativas.
La transformación del tablero a videojuego es narrada de una forma simpática: sucede de un día para otro. Así nomás. Al parecer, el juego tiene conciencia propia y se adapta a sus eventuales jugadores para succionarlos hacia el universo salvaje dentro de él.

Los personajes que participan aquí son cuatro adolescentes: un nerd, una nerd, un deportista y una princesa. Algo así como la mezcla de estereotipos escolares de El Club de los Cinco (1985), de una forma más cínica, aunque preservando el mismo corazón. Esto es curioso. El director Jake Kasdan mezcla el humor cínico y un sentimentalismo sincero con una armonía pocas veces vista. Tampoco digo que la película sea una joya por esto, pero la mezcla es posible, y es frustrante que los estudios de Hollywood no les permitan a los realizadores aventurarse más a menudo en ese enfoque tonal para sus taquillazos.

Una vez dentro del juego, los personajes se convierten en avatares todavía más trillados que ellos mismos, los cuales, además, funcionan como estereotipos paródicos del cine de acción. Incluso la pelirroja del grupo comenta, sutilmente, el atuendo revelador y sexista que Jumanji le asigna.

Ya convertidos en avatares, los muchachos maduran y se hacen amigos, y el motor de la aventura es la evolución interna que ellos experimentan gracias a su amistad. Lo sé, nada nuevo; mas el filme propone esto de una forma excéntrica, sin tratar de <<iluminar>> al público con temas profundos, y lo hace con secuencias de acción emocionantes y un sentido del humor ingenioso.

Mejor que la original

Con una duración de 119 minutos, la película nunca deja de entretener con su montaje ágil y seguro. Los animales aparecen lo justo y necesario para no abrumar el relato, a diferencia del excesivo uso de éstos en la cinta del ‘95.

Dwayne ‘The Rock’ Johnson y el comediante Kevin Hart proyectan la misma química que hizo de Un espía y medio (2016) un entretenimiento tan efectivo. No sólo los actores poseen un inmenso carisma, sino que interpretan el material de una manera honesta y son muy hábiles para la comedia física: están perfectos para la película y sugieren una próxima dupla dorada de la comedia hollywoodense.

Por su parte, el elenco femenino, compuesto por las novatas Madison Iseman y Morgan Turner, y por Karen Gillan (más conocida como Nebula en Guardianes de la Galaxia Vol. 2 [2017]), está al nivel de ellos en cuanto a la habilidad física y cómica. Y fue un verdadero deleite ver a Jack Black como el avatar masculino de Iseman, y pensé en cuán genial es él para la comedia y lo poco que Hollywood aprovecha su talento.
Jumanji: En la selva funciona muy bien, tiene un final dulce, y es otra de las secuelas de 2017 que es superior a su predecesora.

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