La democracia sin duda que tiene un sinnúmero de falencias, pero es el que nos permite reconocer mejor nuestra esencial condición natural de que tanto al momento de nacer como de morir cada ser humano es único. No hay un nacimiento ni una muerte igual a otra.
Revise empresas de cualquier rubro y se dará cuenta que hoy funcionan con mucho menos trabajadores que hace 20 o 30 años.