Una sociedad decadente no sólo es aquella que no lee ni escribe, sino que una que no hace cosas que sean dignas de ser leídas ni escritas.
Así es como nuestras funcionarias y funcionarios han debido redoblar enormemente sus esfuerzos para poder cumplir con los turnos presenciales que se requieren, supliendo a aquellos compañeros que por diversas razones están teletrabajando desde sus casas apenas comenzó la pandemia en Chile.