No es una situación alentadora, salvo el hecho que ahora es posible esperar que nadie esté por encima de la ley, que las irregularidades y las malas prácticas están siendo cada vez más difíciles de ocultar, que nadie está libre de ser sorprendido y sancionado.
Las buenas noticias provienen del Municipio penquista, se informa de la intención de transformar un sector ambientalmente descuidado, en un nuevo lugar de encuentro para el Gran Concepción.
Se está ante un desafío, pero sobre todo ante una oportunidad de hacer las cosas bien, con respeto al pasado y también con proyección de futuro. La clave está en desarrollar una propuesta participativa, pero pensando en el Concepción de 30 y hasta 50 años más.
Se ha descrito las dificultades de algunos estudiantes que ingresan a instituciones de élite, pertenecientes a la primera generación en la educación superior de sus familias: “lo pasan realmente mal, porque sienten que no pertenecen, que no hablan el mismo idioma”.
Hay leyes suficientes, no es necesario dictar otras nuevas, para utilizar las herramientas del Estado en el cuidado de las riquezas de nuestro territorio.
Es sorprendente que a un año de la elección de la autoridad más relevante de la historia de las regiones, no se observe una acción decidida del gobierno para dar el necesario sustento a los Gobernadores y sus Consejos Regionales.