La ciudadanía parece haber encontrado una manera de hacer sentir su voz ante hechos que carecen de toda lógica de justicia.
Ahora que el asunto ya no es un proyecto, sino una posibilidad real para millones de personas, los especialistas ajustaron sus proyecciones y comienza a ganar espacio una narrativa menos catastrófica.
Incrementar la capacidad de diagnóstico en los sectores y comunidades más vulnerables entregará un mapa más preciso del avance de la pandemia.
Puede y debe haber diferencias de opinión. Pero las amenazas no le hacen bien a la sana convivencia, al avance de las políticas públicas y a la democracia. La coerción retórica tampoco.
En estos tiempos de crisis sanitaria con efectos económicos, era más que necesario establecer mecanismos que protejan a los consumidores frente a abusos del mercado.
Cabe al Gobierno demostrar que su última estrategia va en serio. Con desarrollo de lo que se plantea en el “Paso a Paso”, con transparencia y apertura a la participación de distintos actores de la sociedad, con métricas que indiquen el avance del programa en sus objetivos.