Editorial

Diferencias negativas en la participación escolar de las mujeres

Las oportunidades no son las mismas para las mujeres, en nuestro país y en el mundo existen diferencias notorias en las prácticas docentes de aula, en las relaciones entre escolares, en el uso de los espacios recreativos y en diversos elementos de la organización escolar.

Por: Editorial Diario Concepción | 13 de Julio 2019
Fotografía: Archivo

Es un ejercicio, a veces sorprendente, observar las maneras soterradas como, a lo largo de los siglos, se ha buscado la manera de alejar a las mujeres de los sectores del poder, reduciendo su papel a determinadas funciones descritas como propias de la femineidad. Algunos mecanismos son burdos y fácilmente detectables y, por lo mismo, relativamente fáciles de describir y cambiar, aunque alguno de estos, por complejidad, resulten de más difícil implementación.

Otros mecanismos son de mayor sutileza y sólo a través de una acuciosa mirada demuestran su relevancia, costumbres y usos que parecen insignificantes, pero que resultan en discriminación y asimetría en el trato de hombres y mujeres, en beneficio de los primeros, como puede ser la participación diferenciada e injusta de hombres y mujeres en el ámbito escolar.

La participación escolar es un concepto de larga data en la investigación pedagógica, está fuertemente asociada al concepto de participación ciudadana, ya que se espera que en la escuela los estudiantes puedan realizar el ejercicio de la ciudadanía, a través de su involucramiento activo en los procesos escolares, la convivencia y la participación en su propio proceso formativo.

Es este un indicador sensible para detectar las oportunidades de aprendizaje, la Universidad Católica de Valparaíso, en 2016, explora esta situación vinculando la mejor participación estudiantil en aquellas escuelas chilenas con buena convivencia escolar, un factor considerado de mucha importancia por la Unesco, en el concepto de educación para la paz, promoviendo formas de vida conjuntas, de respeto a la diversidad y la participación, principio congruente con la Convención sobre los Derechos del Niño, que reconoce el derecho a la participación del niño en diferentes ámbitos de su vida cotidiana.

Sin embargo, las oportunidades no son las mismas para las mujeres, en nuestro país y en el mundo existen diferencias notorias. Según investigaciones recientes, en las prácticas docentes de aula, en las relaciones entre escolares, en el uso de los espacios recreativos y en diversos elementos de la organización escolar, incluidas las pautas de disciplina, persisten prácticas sexistas, se transmiten estereotipos de género y hay promoción de jerarquías y desigualdades en la relación entre niños y niñas.

A título de ejemplo, estereotipos relativos a presuntos intereses educativos y diferentes competencias para determinadas áreas entre mujeres y hombres, con las primeras en ciencias sociales, pedagogía y algunas del sector salud y en carreras como ingeniería y ciencias duras, para estos últimos. La investigadora de la Universidad de Stanford, Natalie Telis, al buscar la razón por la cual las mujeres preguntaban menos en clases que sus compañeros, concluye que “ desde la educación básica, los profesores interrumpen o ignoran un poco más a las estudiantes y que la modificación de comportamiento comienza temprano”.

La participación de las mujeres en los espacios públicos y, en particular, en espacios académicos es relativamente reciente, por lo que en una perspectiva histórica se puede entender que aún subsista este tipo de diferencias en las formas de participar, pero, al mismo tiempo, se evidencia la necesidad de corregir las asimetría educativas desde temprano, mucho antes que los niños y niñas puedan ver por sí mismos que no están teniendo iguales oportunidades.

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