Editorial

El momento de tomar en serio el consumo juvenil de drogas

Es necesario salir al paso del paradigma de que quienes ingresan a una institución de educación superior tienen la información y la madurez para el autocuidado con respecto a la percepción de riesgo del consumo de algunas drogas

Por: Editorial Diario Concepción | 04 de Junio 2019
Fotografía: Copesa

El grado de banalización en lo concerniente al consumo de marihuana, la ausencia de una política nacional clara sobre esta materia y un sostenido silencio acomodaticio, para exhibir una políticamente correcta posición de progresismo y libertad, de apertura y modernidad, puede estar detrás de las cifras progresivamente más preocupantes en cuanto al consumo de esa y otras substancias psicotrópicas.

La realidad pura y dura está ahora expuesta a la luz de los resultados del Primer Estudio sobre el Consumo de Alcohol y otras Drogas en Población de Educación Superior de la Región del Bío Bío realizado por Senda en 2018. En la encuesta participaron ocho universidades y centros de educación superior: de Concepción, Católica de la Santísima Concepción,  Federico Santa María, del Bío-Bío, San Sebastián, del Desarrollo, además del Instituto Virginio Gómez y el Centro de Formación Técnica ProAndes, con la participación de  8.557 alumnos de 13 casas de estudio a nivel nacional, de ellas, ocho son de la Región del Bío Bío.

Entre los principales resultados regionales, está la alta prevalencia de ingesta  de alcohol en el último año, que llega al 67,4%, mientras que el uso de marihuana llega a un 49,5%. Pese a que los porcentajes son menores, preocupa el consumo de hachís (11,1%), cocaína (5,2%), analgésicos sin receta médica (6,1%) y tranquilizantes sin receta médica (4,9%).

El estudio también revela que los jóvenes tienen una bajísima percepción del riesgo de consumo de marihuana, con un 30,2%, mientras que el consumo de pasta base es considerado lo más riesgoso, con un 91,9%.Además, el 71,6% de los encuestados declararon haber recibido un ofrecimiento de marihuana en el último año; a un 13,2% le ofrecieron cocaína; a un 8,7%, tranquilizantes sin receta médica, como clonazepam y ravotril; a un 8%, analgésicos sin receta médica, como tramadol; a un 7%, éxtasis y a un 2,6%, pasta base.

Para el director regional de Senda, en lo relativo al consumo de marihuana, la preocupación mayor es que los mensajes que se han emitido, no solo por los propulsores, sino por un segmento de la clase política, conducen a la idea que este consumo es normal, probablemente inofensivo. Efectivamente, el consumo parece estar en el ámbito de las libertades personales y como una muestra de una sociedad progresista y contemporánea, libre de prejuicios y ataduras retrógradas. En el mejor de los casos los discursos han sido poco claros y condescendientes y, en consecuencia, han influido en el comportamiento de los estudiantes universitarios, no solo se observa un alto consumo, también una baja percepción de riesgo, además de una amplia y accesible oferta.

Es necesario salir al paso del paradigma de que quienes ingresan a la universidad o a una institución de educación superior tienen la información y la madurez para tener un autocuidado apropiado sobre todo con respecto a la percepción de riesgo, ya que es muy posible que ignoren, o elijan desconocer, los efectos laterales muchos graves y no todos reversibles de algunas drogas, por tanto, los esfuerzos por informar no pueden discontinuarse, un compromiso que corresponde ineludible y urgentemente a las familias y a las instituciones de educación superior, es un problema que no va a desaparecer por sí solo, no se trata de un comportamiento propio de tendencias cambiantes. Las drogas capturan a sus consumidores, no para bien.

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