Editorial

La transformación digital del proceso educativo

El desempleo tecnológico es una realidad próxima, en contrario, se opina que la automatización o la inteligencia artificial, crearán más trabajos y de mejor nivel que los que se pierden, pero la condición previa para que esto ocurra es la capacitación.

Por: Editorial Diario Concepción | 07 de Marzo 2019
Fotografía: Referencial

No se trata sólo de palabras nuevas que describen asuntos emergentes, se trata de su impacto como el nuevo vocabulario de la tecnología, que evoluciona con tal velocidad que deja poco espacio para la traducción, así ocurre con la denominada disrupción tecnológica, una definición de trabajo la proporciona Fernando Bayón, doctor en Filosofía por la Universidad de Deusto, del país vasco.

Parece que actualmente todas las personas que hablan de innovación utilizan la palabra “disrupción”. Una palabra de lo que se tiene una cierta idea, pero que nadie sabe lo que realmente significa. Tomado del inglés representa cualquier situación, elemento, actividad, comportamiento o decisión que produzca una ruptura brusca con la realidad o el entorno estable y conduzca inexorablemente a un proceso de cambio.

La disrupción representa una apuesta por lo desconocido. Cuando aquello que produjo la disrupción es aceptado por la sociedad y asumiendo como normal, deja de ser disruptivo para convertirse en lógico, común e, incluso, convencional.

Desde la disrupción se explica la ruptura específica con el orden establecido, pero no debiera ser una disculpa para destruir y no crear. Es decir, las actitudes disruptivas son en sí mismas destructivas con lo existente, pero, al mismo tiempo, creadoras, practicas, concretas y productivas.

Se ha cubierto abundantemente el impacto de esta disrupción en el mundo del trabajo, tema tratado con particular agudeza por Harari en su “21 lecciones para el siglo XXI”, pero, además, en el duro mundo de las cifras, por economistas y empresarios, ya que el hombre está siendo desafiado a competir con sus flaquezas frente a un contendor que no hace otra cosa que robustecerse.

La educación aparece en la segunda línea, aunque debiera estar primero, ya que las debilidades humanas frente a la máquina pueden compensarse por su intermedio, o encontrar nichos donde las máquinas no puedan llevar la delantera. Si así no ocurre, el desempleo tecnológico es una realidad próxima, en contrario, se opina que la automatización o la inteligencia artificial crearán más trabajos y de mejor nivel que los que se pierden, pero la condición previa para que esto ocurra es la capacitación. Como ocurrió con los computadores que reemplazaron a los mecanógrafos, pero aumentaron la demanda de nuevos puestos relacionados con el desarrollo, la operación y la programación.

Esta es la convocatoria a la transformación digital en educación, o sea, el uso de tecnología para mejorar la eficiencia en los procesos formativos y la experiencia de los estudiantes, de cualquier edad, para mejorar la productividad educativa, al mismo tiempo, que se impulsa la innovación y la creatividad.

La pregunta que debe tener respuesta es si la reforma educacional se ha hecho cargo, si la formación de los educadores contempla este nuevo ámbito. Toda la estructura educacional es puesta a prueba, desde la educación elemental a la más avanzada, para formar personas para este mundo que ha empezado a instalarse en nuestras realidades cotidianas, con más velocidad y profundidad de lo que quisiéramos.

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