Editorial

Las equívocas cifras de la ocupación informal

La superficial descripción de trabajadores por cuenta propia no debería ser considerada una respuesta para la masa laboral chilena y seguirá siendo una solución de parche para la incapacidad de asegurar trabajos dignos y de calidad.

Por: Editorial Diario Concepción | 08 de Enero 2019
Fotografía: Referencial

Mientras no se sinceren los parámetros, la real situación del empleo en Chile seguirá siendo un asunto opinable, las estadísticas de grandes cifras, con definiciones no siempre claras de los criterios empleados, entorpecen el diagnóstico real de la situación y sin ese diagnóstico, no es posible fijar metas concretas, con resultados medibles, objetivos y útiles al momento de observar, ya sea avances o retrocesos.

Uno de los problemas más críticos para diferenciar la modalidad de la ocupación es la informalidad laboral, por las múltiples consecuencias negativas a mediano y corto plazo que presenta, a pesar que en lo inmediato sirva para cubrir necesidades de las personas que de otro modo no podrían atenderse.

El último enfoque estadístico tuvo  por objeto describir los ingresos de las personas clasificadas como ocupadas a través de la Encuesta Nacional de Empleo, desde la perspectiva de la informalidad laboral, en base a la Encuesta Suplementaria de Ingresos y las estadísticas de informalidad laboral publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas, entidad que desde hace un par de años ha publicado indicadores de esa situación, para caracterizar la calidad de las ocupaciones que se generan en dicho ámbito, utilizando como referencia las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo.

Así, se entiende por ocupaciones informales los asalariados que no tienen acceso a salud ni previsión social por concepto del vínculo laboral con su empleador; a los familiares no remunerados, que por consenso internacional son informales y a los empleadores y trabajadores por cuenta propia, dueños de unidades económicas informales, es decir, que no tienen registro en el Servicio de Impuestos Internos, ni un sistema contable que les permita separar los gastos del negocio, de los del hogar.

La situación preocupante de este último grupo, es la existencia de una brecha considerable de su nivel de ingresos. Efectivamente, el ingreso medio mensual es de $258.065, mientras que los formales perciben en promedio $672.897, implicando una brecha de -61,6%. Brecha mayor en las mujeres que alcanza un-65,5%. De esa manera, la mayoría de los ocupados informales (73,2%) se concentró en los primeros dos quintiles de ingreso, mientras que los ocupados formales se agruparon principalmente en los últimos tres (73,3%).

Esta modalidad de empleo, aunque sea en algunas situaciones rentable, es igualmente precaria, ya que no contempla asistencia social y, por lo general, se resta al compromiso de ahorros previsionales, de tal manera que la superficial descripción de trabajadores por cuenta propia no debería ser considerada una respuesta para la masa laboral chilena y seguirá siendo una solución de parche para la incapacidad de dar trabajos dignos y de calidad a los chilenos.

Es una de las preguntas más frecuentes y una de las respuestas más difíciles de obtener, ya que los análisis son relativos, es descifrar lo que se entiende por tener un trabajo digno y estable y qué se entiende por parcialmente ocupados o desocupados, o incluso, los ocupados de modo informal. En consecuencia, se presta para toda suerte de interpretaciones la publicación periódica de índices de ocupación, o de desocupación, cuando en este delicado asunto no debiera haber segundas lecturas.

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