Editorial

La percepción de los directores sobre la calidad educacional

Los directores evaluaron la calidad de la educación con un 4,3, cinco décimas sobre la de los dos últimos años, diferencia de mayor significado si se examina los factores empleados para otorgar la calificación, algunos de los cuales permiten mirar el futuro con optimismo y otros con relativa preocupación.

Por: Editorial Diario Concepción | 04 de Diciembre 2018
Fotografía: Agencia UNO

Sobre los resultados de la reforma educacional se ha sabido relativamente poco, al menos en lo que realmente importa; la calidad de la educación. Para el ciudadano corriente la reforma tiene puntos relevantes, con la gratuidad como nave insignia, más énfasis que no terminan de comprenderse sobre la carrera docente. La complejidad del proyecto y las sucesivas oleadas de críticos, detractores y defensores, han enturbiado el horizonte de esta iniciativa fundamental para el desarrollo futuro del país.

Hacía falta la voz de otro colectivo, la de los directores de colegios, esas figuras que, por lo general de bajo perfil, permiten que las instituciones funcionen. Recientemente, el Centro de Desarrollo de Liderazgo Educativo, un organismo creado para contribuir al desarrollo  de las capacidades de liderazgo directivo de diferentes establecimientos del sistema escolar, efectuó un estudio que tenía por título “La voz de los directores”, que permite apreciar un amplio panorama de la percepción que éstos tienen sobre la educación en Chile.

Este año, los directores consultados evaluaron la calidad de la educación con un promedio de 4,3, cinco décimas más que la de los dos últimos años, Hay una diferencia en positivo leve, pero de mayor significado si se examina con más detalle qué factores se han tenido en cuenta para otorgar la calificación, algunos de los cuales permiten mirar el futuro con optimismo y otros con relativa preocupación.

Resulta, por ejemplo, muy interesante que entre los directivos exista la expectativa de mejoras significativas en la calidad educativa del sistema, pero al mismo tiempo una baja expectativa de que sus capacidades puedan tener influencia en el desempeño académico de los alumnos, un indicador que puede ser el resultado de situaciones vividas en las comunidades escolares en los últimos años, y que en sí mismo es preocupante, por el conocido fenómeno de la profecía autocumplida, según la cual el prejuicio hacia la situación puede afectar los resultados.

Se percibe igualmente una situación esperable, pero que debió tener, por lo mismo, un enfoque más cuidadoso por buenas que fueran las intenciones al implantarla, es el caso de la ley de inclusión. En la medida que más directores manifiestan conocer bien la legislación, la percepción de un impacto positivo disminuye, las cifras sobre el particular lo muestran con claridad; hubo un aumento significativo de los establecimientos subvencionados (40%), que consideran que la ley impacta negativamente el funcionamiento de su colegio.

Sobre este resultado, los comentarios en general se refieren que se implantó una ley sin calcular apropiadamente las competencias de los profesores para ayudar a la adaptación de los alumnos ingresados por esta vía, ni el tiempo en aula que se requiere para conseguir determinados aprendizajes y tampoco la reacción de los compañeros de curso, que aunque en general es buena y receptiva, igualmente posibilita una brecha para actitudes indeseables.

Los resultados dejan de manifiesto la complejidad de la tarea y las expectativas que existen hacia el rol y la gestión de los directores, que suponen desafíos que ellos no pueden enfrentar de manera aislad. Es un factor recurrente en esta reforma; dejar puntos críticos por atender, si es ese el proceso normal, igualmente lo debiera ser administrar  las  medidas para ponerles pronto remedio.

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