Editorial

La inestable confianza del consumidor

Por: Editorial Diario Concepción | 01 de Noviembre 2018
Fotografía: Agencia UNO

Tal parece que los politólogos, y los que de la política hacen el objeto y destino de sus vidas, no terminaran de comprender que la opinión pública es de extrema volatilidad, si así fuera, ésta tendría para ellos un a valor relativo, en ningún caso la fuerza suficiente como para, con esa sola base, tomar determinaciones cruciales o adoptar posiciones, un ejemplo es la magnitud de las expectativas.

Este último factor, asociado a la esperanza de las personas en el positivo devenir de las circunstancias, también se utiliza para construir una locución adverbial: “a la expectativa”, dando a entender que una persona, o un grupo de personas, no va a llevar a cabo ningún tipo de acción ni va a tomar una decisión sobre algo concreto, hasta ver qué sucede.

Posiblemente a consecuencias de varios años de experiencia en observar como algunas expectativas no se cumplen -que la alegría tarda en llegar o se demora la aparición de tiempos mejores-, a pesar de la apariencia de estabilidad de la situación actual del país, la seriedad con que se ha manejado la cosa pública y la mesura con la cual se adoptan determinadas medidas, las expectativas sobre la situación económica del país muestran caídas significativas en la última Encuesta de Percepciones y Expectativas Económicas del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile.

Esta exploración de la opinión ciudadana se ha venido haciendo en los últimos 63 años y en su última aplicación se observa que pese a las alzas registradas en el segundo trimestre del año, las cifras últimas tuvieron un claro retroceso, situación que también surge como conclusión de otros estudios de semejante naturaleza, como los efectuados por Cadem  o  Ipeco de la Universidad del Desarrollo.

En este contexto, el Índice de Confianza del Consumidor, cuyo objetivo es aproximarse a las intenciones de gasto de los consumidores preguntándoles por su percepción actual y sus expectativas de futuro para la economía del país, su economía familiar y el empleo, muestra una variación negativa de 3,9 puntos porcentuales respecto al trimestre anterior.

La mera lectura de esa cifra sólo indica una tendencia de desmejoramiento, es mucho más elocuente observar los motivos por los cuales se presentan las bajas, entre estos se encuentran los principales problemas identificados por los encuestados, en primer lugar, si bien la seguridad ciudadana sigue manteniendo esa posición, las mayores alzas se presentaron en bajos sueldos, que subió casi cuatro puntos en su grado de impacto, en relación con el trimestre anterior y la falta de empleo con un incremento de 2,5.

Otros hallazgos de la encuesta son posiblemente suficientemente evidentes para el ciudadano común; así, se registra que en doce meses aumentó el porcentaje de hogares que señalan tener una situación de deuda “complicada” en 3,3 puntos porcentuales, lo que ayuda a entender por qué, a diferencia de la medición anterior, la proporción de hogares que manifiesta haber comprado bienes durables en el último trimestre tiene una caída de casi dos puntos.

Es interesante observar que las causas no se vinculan a gestos políticos, a circunstancias del trabajo legislativo o las comunicaciones desde el ejecutivo, sino básicamente en la evolución de indicadores económicos, ajenos a la retórica ampulosa. Los discursos pierden sentido si no hay logros concretos, es la lección que aún no se termina de aprender.

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