Editorial

Nuevas iniciativas para controlar el consumo juvenil de sustancias

Por: Editorial Diario Concepción | 12 de Octubre 2018
Fotografía: Cedida

Por mucho que se ha avanzado en la investigación sobre la materia, específicamente, sobre los lesivos efectos del consumo de alcohol y drogas psicoactivas en la adolescencia, no se avanza en la disminución de las cifras que muestran la magnitud del problema en nuestro país y el primer factor observable es que no hay una legítima preocupación en las familias, se trepida a la hora de establecer normas, ya que estas últimas parecen impropias en los tiempos actuales, en los cuales, fijar límites parece ser una acción limitante de la libertad.

Una realidad semejante -aunque en un país diferente en población y medios-, es la de Islandia. Allí la acción de Estado pasó por una fase de diagnóstico, que básicamente detectó que muchos jóvenes mostraban altos consumos de sustancias, principalmente, por falta de opciones. Una política coherente, la de proveer aquello que faltaba; actividades recompensadoras para tiempos de ocio y normas más estrictas, tuvo como resultado una estable disminución de las conductas de consumo por los adolescentes, de tal manera que el programa adoptado se transformó en un referente universal.

Expertos de ese país han venido a Chile para ayudar a implementar el modelo que a ellos y a otros países les permitió bajar drásticamente el consumo de alcohol y drogas en niños, niñas y adolescentes. Empezaron por donde había que comenzar, haciendo un diagnóstico de la situación una vez encuestados a más de ocho mil alumnos de 2° medio en 122 colegios de seis comunas de la Región Metropolitana.

La información que entrega esta investigación no es desconocida y, al mismo tiempo, alarmante, esto último porque siendo conocida no tiene visos de disminuir, muy por el contrario, un indicador claro que la información no basta para cambiar las conductas, sobre todo, si esta tiene una contraparte que la manipula o le resta credibilidad y méritos, en este caso, que las cifras de consumo encontradas nos sitúan entre las más altas del mundo. Un 9% de los adolescentes reconoció fumar diariamente, 17% se había embriagado el último mes y 29% había consumido marihuana.

El hallazgo paralelo y también negativo es que los padres chilenos, si bien pasan tiempo con sus hijos y les dan afecto, no les entregan reglas claras sobre permisos o cómo vivir más sano. En otros casos les quieren, pero no los acompañan, el perfil más compartido es el de padres que eligen ignorar. Se permite que los escolares estén fuera de su casa sin supervisión después de las 12 de la noche, a pesar de la abundante evidencia de que la permisividad resulta en incremento del riesgo de consumo de sustancias, cuya peligrosidad es enfrentada con debilidad o subestimada.

El presidente de la Sociedad Chilena de Pediatría ha expresado su preocupación ante lo que describe como “un terremoto que hipoteca nuestro futuro” aunque reconoce que estos resultados permiten orientar esfuerzos y buscar consensos para potenciar factores protectores, así como coordinar a diversos actores, profesionales y familias, con recomendaciones basadas en evidencia, una de las iniciativas que se emprenderán en un plan piloto chileno del modelo preventivo islandés.

Para que estas acciones tengan impacto y cambien la trayectoria del consumo de sustancias por los jóvenes, es previo que, tanto ellos como sus familias, se tomen este problema en serio, de otra manera, lo que pueda lograse se puede diluir a corto plazo.

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