Economía y Negocios

Los factores económicos que impiden independencia de hijos mayores de 30

Por: Diario Concepción | 16 de Agosto 2017
Fotografía: Copesa

Alina Muñoz Rojas
Socióloga y académica
de Ingeniería Comercial
Universidad San Sebastián

De acuerdo a una investigación realizada por el Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la Universidad Católica, cerca de un millón de personas mayores de 30 años vive con sus padres. Frente a esta realidad, es interesante preguntarse respecto de cuáles son los factores que están involucrados en este fenómeno, considerando que la salida de la casa familiar es un rito que en generaciones anteriores se producía antes de que las y los jóvenes cumpliesen 30 años.

Entre los datos más importantes que arroja este estudio, está la caracterización que se entrega de las personas entre 25 y 30 años que viven con sus padres. Según la investigación, la distribución de este segmento es mayor en los quintiles intermedios que en los bajos y altos. De esta manera, en el tercer y cuarto quintil este porcentaje asciende a un 52.3 y 51.4% respectivamente, datos que si son cruzados con la información arrojada por el estudio “Desiguales: Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile” (PNUD, 2017), podrían asociarse a que es precisamente en los grupos medios donde se ha producido el mayor acceso a la educación superior durante el periodo 2006 – 2015.

El hecho de que el acceso a la educación superior se haya masificado claramente es un indicador de desarrollo, sin embargo en Chile, en este mismo segmento, se ubican quienes han tenido mayores problemas para cursar y egresar de la universidad. Según los datos, de 100 estudiantes de grupos medios, egresan 30 en los sectores medio bajos (segundo cuartil) y 54 en los grupos medios altos (tercer cuartil); mientras que en los sectores altos este valor es de un 84%.

Inserción laboral

Si complementamos la información anterior con datos de inserción laboral, observamos que los resultados muestran una reproducción de la desigualdad entre los jóvenes. En muchos casos, los grupos medios no han encontrado cabida en empleos bien remunerados, sino en otros que se caracterizan por tener alta informalidad, precaria red de protección social, bajos sueldos, entre otras falencias, lo que crea una fuerte tensión entre la educación y el mercado laboral. Lo planteado no implica que los egresados de sectores medios no encuentren trabajo, de hecho ganan un 66% más que quienes pertenecen a estratos socioeconómicos bajos, sino que las condiciones en que son empleados, no son las mejores.

Como vemos las razones de las y los jóvenes de 30 años para prolongar el período de dependencia residencial podría situarse en las condiciones labores actuales que impiden la independencia. Si bien es cierto que las tasas de cesantía han disminuido en este segmento, las condiciones de empleo joven de cierto sector de la población son precarias, con menores salarios, menor protección social (prestaciones o subsidios), menores oportunidades de promoción y formación en el trabajo, entre otras.

Conflictos familiares

Este fenómeno, que parece ser puramente económico, tiene fuertes repercusiones en el ámbito familiar. Se pueden producir fuertes situaciones de estrés o conflicto familiar por permisos, territorios, etc., pues se trata de un grupo de adultos el que convive.

A lo anterior se suma una sobrecarga económica para la o el jefe de hogar, sin ir más lejos, el mismo estudio de la UC plantea que solo cuatro de diez jóvenes aporta económicamente en el hogar paterno.

Es posible que esta convivencia también cause un sobreapego en la relación padres – hijos, lo que puede invitar a establecer un continuo en la relación de dependencia y con ello no generar avances en los ciclos vitales de ambos.

Ahora, si las condiciones económicas no permiten la independencia de los hijos, las relaciones al interior de la familia deben conservarse. En ese sentido, es importante mantener una comunicación fluida y sincera entre padres e hijos, lo que sin duda facilitará una alta calidad de la convivencia. Asimismo es necesario compartir expectativas y preocupaciones, procurar respetar los espacios individuales y personales, establecer y cumplir normas mínimas de convivencia así como en asignación de tareas domésticas y aportes económicos al hogar. En conclusión, si queremos un país más equitativo, debemos partir por casa.

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