Cultura y Espectáculos

Concepción y su reencuentro con la mejor versión de Álvaro Henríquez

Así fue el lanzamiento del disco solista del líder de Los Tres.

Por: Ángel Rogel | 11 de Marzo 2019
Fotografía: Teatro Biobío | Facebook

Son variadas las historias que se han tejido (y tejieron durante la última semana) en torno al disco solista de Álvaro Henríquez. El disco homónimo, el de 2004, el de la portada minimalista, con el pequeño Henríquez siendo un “buzo rana” (allá en su pueblo), el mismo que en su momento fue muy difundido por medios especializados, pero también muy poco laureado por quienes con posterioridad escribieron reseñas de ese trabajo, aunque también hubo honrosas excepciones (antes el músico había editado otro trabajo solista, menos difundido, la banda sonora de la película “El Desquite” de Andrés Wood).

Se decía, por ejemplo, que era un prueba de fuego para el autor, que por primera vez afrontaría la producción de un disco sin el apoyo de sus partners (Roberto “Titae” Lindl, en Los Tres, y en menor medida, Camilo Salinas, en Pettinellis). Las expectativas también eran altas, considerando la participación de un puñado de ilustres, entre ellos, prácticamente la totalidad de las formaciones de Café Tacvba y Los Bunkers.

Finalmente, el trabajo de difusión no fue el mejor de todos, pues al poco tiempo, Los Tres se volvieron a reunir (sin Pancho Molina en la batería), pero quedaron (casi) para la anécdota dos vídeos, “Amada” y “Mátame” (gentileza de Boris Quercia) y un cover de Los Tigres del Norte llamado “Jefe de jefes”, cuya ironía no fue bien entendida por parte del devoto público de Henríquez que desde entonces comenzó a llamarlo de esa forma.

Por todo lo anterior (y quizás cuántas otras razones), el concierto del líder de Los Tres el pasado sábado 9 de marzo, en el Teatro Biobío, era tan esperado. Y, la verdad, Henríquez no destiñó, porque se pueden decir muchas cosas de la puesta en escena, el puñado de buenos músicos que lo acompañó (trece en total), de la recepción del público y hasta del espacio (muy propicio para el montaje del espectáculo), pero si hay algo que brilló con colores propios fue el repertorio elegido y ahí Henríquez, y probablemente el director, Ismael Oddó (que más de alguna decisión deber haber tomado), no sólo anotaron “un gol de media cancha”, sino también delinearon lo que puede ser el futuro de uno de compositores populares más lúcidos del rock – pop en Chile.

Por razones obvias, el concierto se concentró principalmente en el disco solista, tocado íntegramente y con nuevos arreglos para “Amada” (sobre el final de la canción con un conjunto vocal, muy en la escuela de la Nueva Canción Chilena ¿O Beach Boys?) y “Le tengo dicho a mi negra” (en el disco apenas acompañada por un acordeón y percusiones), y donde los puntos altos fueron “Vida y muerte” (Henríquez tocando hammond, al estilo Brian Wilson), los instrumentales “Nicanor” y “Rafaella”, y las cuecas originales del músico, que sorprenden por la incorporación de instrumentos eléctricos (alguna vez bautizadas como “cuecadelicas”, en particular, en los tiempos de Pettinellis).

“Esta es la última canción del disco… No hay más. Veremos qué se puede hacer”, dijo el Henríquez, poco antes de “Barco y Naufragio” (con el mismo nombre bautizó al cuarteto de cuerdas en escena), como adelantando que tras el repaso del disco venían más sorpresas, y la primera fue un “golpe directo al mentón”. La interpretación de “La noche de la hora más oscura”, canción que cierra “Se remata el siglo”, el segundo disco de Los Tres, fue uno de los grandes momentos. De hecho, el propio Henríquez aseguró no haberla tocado nunca en vivo (alguna vez lo hizo en un programa especial de televisión en el desaparecido canal RTU, y no mucho más que eso).

Luego, le siguieron “Agua bendita” del disco “Hágalos usted mismo”, dos clásicos de Pettinellis (“Hospital” y “Un hombre muerto en el ring”), y en medio de ellos “Yendo de la cama al living”, un clásico de Charly García, que el músico penquista ya había tocado hace 15 años en la antesala de la salida del disco, en un acústico en Sala Master, Santiago.

Para el cierre, “Quizás con quien”, del último disco de Los Tres, y la sensación de que las canciones de Henríquez han logrado soportar estoicas el paso del tiempo, como pasa con muy pocos autores en el país; y que su colección de pequeñas obras es tan amplia que bien vale la pena echar mano a ellas más seguido. El del sábado fue un encuentro con el mejor Henríquez, el que no estuvo en su mejor forma, pero que ha vuelto renovado y, ojalá, con nuevos discos y canciones inmortales para compartir.

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