Cultura y Espectáculos

Locamente millonarios

Por: Esteban Andaur | 06 de Octubre 2018
Fotografía: Película

Rachel Chu (Constance Wu) es una profesora de Economía en la NYU, y está a punto de viajar a Singapur a conocer a la familia de su novio, Nick Young (Henry Golding), quien suele tener mucho dinero en su billetera todo el tiempo. Y es que hay algo que Rachel no sabe: los parientes de Nick no sólo son millonarios, son Locamente millonarios (2018). Nick lo ha mantenido en secreto durante un año de relación, debido a que adora que Rachel lo ame por quién es y no por su dinero, como sus otras novias del pasado. Rachel tendrá que demostrarle a los Young, y sobre todo a su madre, que puede balancear su origen social y el amor que siente por Nick con el yugo de tener un apellido que implique riqueza y tradición.

Locamente millonarios es una comedia romántica anticuada, y demuestra cuán consciente está de sus raíces, que evoca desde los créditos iniciales una estética del Hollywood de antaño. Es ambiciosa: quiere convertirse en un clásico. Y lo hace con una narración que descansa en personajes ricos en detalles y humanidad, además de dinero.

Empecemos por el apoteósico diseño de producción. La fotografía es diestra en enseñarnos con genuina sorpresa y sutileza la arquitectura impresionante de Singapur y las majestuosas mansiones que deleitan nuestra vista. Los Young lo tienen todo, incluso cosas rebuscadas e inútiles, simplemente, porque pueden, y como es así, les asignan a sus objetos significados insulsos y veleidosos, como es el caso de un gong antiquísimo. Los caprichos son excesivos ad nauseam, y quizá la fatiga de ver tanta opulencia en los fotogramas sea el efecto visceral del filme, ya que lo vemos casi todo desde la perspectiva modesta y sincera de Rachel.

Ella es inteligente y, por supuesto, conoce el valor humano del dinero. No le impresionan las riquezas. Ella es feliz amando a Nick, y el sentimiento es recíproco. Wu crea a una heroína de una fuerza interior gigante, con quien podemos empatizar, puesto que su amor es honesto, no hay negrura en su alma, y, no obstante, es hostigada por los locos millonarios.

Por otra parte, el Nick de Golding es un papel un tanto débil. El drama de la película no lo involucra tanto; sólo reacciona ante las fricciones familiares. O bien puede ser que conozca tanto a Rachel, que le basta confiar en su fortaleza. Aún así, Golding lo compensa al rutinario Nick bastante bien con un carisma y la evidente química que genera con Wu; éste galán es creíble como tal, aunque no sea original ni complicado.

Awkwafina amenaza en cada cuadro e que aparece con robarse el show, y es que su interpretación de Peik Lin, la mejor amiga de la universidad de Rachel y también residente de Singapur, es una creación cómica sin precedentes. En las inflexiones de su voz y las poses que adopta su cuerpo en determinadas situaciones, pude reconocer en esta joven actriz a una Whoopi Goldberg en sus inicios en Hollywood, y ambas comparten una voz rasposa distintiva. Quise ver más de la desternillante Peik Lin, y funciona muy bien como un cable a tierra para Rachel en sus momentos más melancólicos. Locamente millonarios es una comedia romántica sólida en risas, pero las más memorables le pertenecen a Awkwafina.

Sin embargo, el mejor personaje del filme es el de Eleanor Young, la madre de Nick, interpretada por una increíble Michelle Yeoh. La suya es la mejor actuación de la película. Antes de los créditos, vemos a una Eleanor más joven, en 1995, llegando con su hijo, cuñada y sobrina a un hotel londinense, el cual recién ha adquirido de su dueño. Pero los conserjes le niegan el acceso, incluso insisten en negar que sea ella la propia Eleanor Young. Es una escena ingeniosa y para nada melodramática en cuanto a su racismo, mas vaya que es poderosa. Es imposible no conmoverse por la templanza de la mujer al solicitar, una y otra vez, ser llevada a su habitación en el penthouse; aquella noche llovía y los niños eran pequeños, necesitaban todos descansar pronto. La implacabilidad de los conserjes es desoladora, sobre todo porque la escena está diseñada con primeros planos de ellos y de Eleanor, mirando directamente a la cámara. Nuestros prejuicios, si los tenemos, son confrontados.

El personaje de Yeoh posee convicciones firmes sobre la tradición, la etnicidad, y sobre hacer sacrificios considerables con el fin de mantener a una familia unida. Cuando Rachel irrumpe en su vida, y se percata de que lo que su hijo siente por ella es verdadero amor, entra en una crisis tremenda: su hijo está presto a dejar el nido, quizá adopte nuevas costumbres y se aleje más de lo soportable del lado de su madre, y, además, Eleanor manifiesta un cierto dejo de racismo hacia la novia de Nick, puesto que es estadounidense, y ellos se esfuerzan en seguir sus pasiones, en ser individualistas.

Si el guion de Peter Chiarelli y Adele Lim, basado en el best seller de Kevin Kwan, no fuera sensible al racismo hacia los asiáticos, veríamos en esta madre a una villana de utilería. En cambio, lo que tenemos aquí es a un ser humano que podemos reconocer, y por quien nos aflige sus actitudes que, debido a su pasado, no le es posible soslayar. Ella ha sufrido, y el filme valida su dolor abrazando sus complejidades.

Ahora bien, hay temas políticos que la película pareciera ignorar a propósito, tal vez en un esfuerzo por no alienar al público millennial que se sentirá más atraído por esta historia. Por ejemplo, los Young, por muy tradicionalistas que sean, se han entregado de lleno al capitalismo, si hasta son cristianos. Jamás nos dan luces de por qué habrían abandonado la República Popular China hace tantos años, y entendemos que al filme le interesan los hábitos ancestrales chinos de una forma romántica y casi superficial. Hay una parte del relato que, al ser omitida, cae en contradicciones.

Por otra parte, hay un personaje gay que, si no fuera porque es importante para su familia y es respetado por ellos, sería un burdo estereotipo; y una subtrama sobre una de las primas de Nick no está desarrollada de un modo que resulte indispensable para la empresa general. Pero Locamente millonarios funciona gracias a la dirección segura y afectuosa de Jon M. Chu (recuperándose por completo de la decepcionante Los ilusionistas 2 [2016]), y consigue darle un nuevo hálito de vida a la comedia romántica, con un enfoque refinado y chicas materiales, canción de Madonna en chino incluida.

La película es muy especial, y es muy buena; por ejemplo, la escena de mahjong es magnífica y una de las mejores del cine de 2018. Y es obvio que es significativa desde el punto de vista de la representatividad social en las producciones hollywoodenses, siendo la primera con un elenco predominantemente asiático desde El Club de la Buena Estrella (1993); de hecho, Lisa Lu, una de las protagonistas de aquella cinta, interpreta aquí a la férrea abuela de Nick.

Locamente millonarios es una luminosa historia de amor y familia, que entiende a sus personajes y los celebra, y estamos felices de unirnos a la fiesta.

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