Cultura y Espectáculos

Nathalia Aragonese: “Me gustan los personajes difíciles”

Por: Esteban Andaur | 10 de Marzo 2018
Fotografía: Cedida.

En la 18° versión de CineLebu, la protagonista de Cabros de mierda presentó su película en una función especial.

La actriz principal de Cabros de mierda, Nathalia Aragonese (36), participó de CineLebu como invitada especial, y presentó su filme junto con el director Gonzalo Justiniano en una proyección en la ciudad. Al respecto de la película, una de mis favoritas de 2017, la entrevisté para saber qué la motivó a asumir el papel de la Francesita, su primer rol protagónico en el cine.

La conversación tomó lugar en la oficina del festival, ubicada cerca de la plaza principal. La voz de Nathalia es tan suave como si se desplazara por los lugares, como si el aire la impulsara adelante. Con su figura menuda y su corto pelo marrón, parece una elfa con el glamur retro de una popstar; llegó luciendo un estilo ochentero: un vestido negro de pequeños lunares blancos, abotonado al medio y de falda ancha, y gafas de sol redondas sobre sus grandes ojos. Su rostro es similar al de Manuela Martelli, la musa de Justiniano en B-Happy (2003), pero de una expresividad más dramática. Las actrices comparten casi el mismo fenotipo, por lo que entendí a Aragonese cuando me dijo que el director buscaba algo específico para Cabros de mierda.

<<Creo que el casting de Cabros de mierda, junto con el de la serie La ofis (emitida en 2008 y basada en la serie británica The Office), han sido de esos en que están buscando algo muy, muy específico y que hay mucha importancia en esa búsqueda. Me recordó a La ofis porque el director, hasta que no encuentra lo que anda buscando, no se queda tranquilo. Me acuerdo que me llamaron, fui, me hablaron del personaje, y empezamos con Gonzalo, quien tomaba el casting (que es también muy maravilloso, que el director sea el que lo toma, eso no suele pasar), a improvisar inmediatamente. Gonzalo me pasó un pedacito de texto, me explicó un poco y terminé improvisando casi una hora. Gonzalo proponía cosas, yo proponía otras y generamos una dinámica que, al parecer, nos acomodó bastante a ambos.

Eso fue al principio para armar el teaser, que es el video previo a la película. Entonces sentí que el trabajo ya había empezado, y con uno de estos personajes que uno agradece enormemente. De verdad, me siento muy privilegiada de este personaje, que a mí me fascinó, me apasionó, siento que se me metió, fue una simbiosis bien profunda la que sucedió. El director también recordaba, comentándoselo a otra de las invitadas acá, que terminaba una escena y yo seguía, un poco, en estado de shock, porque algo sucedía, no sé a qué atribuirlo, quizá a la propia historia que uno está contando, pero se empezaron a abrir muchos canales emocionales bien potentes. Y me divertí muchísimo haciendo este personaje, porque Gonzalo tiene muchas cosas muy claras, pero también es bien abierto al trabajo en escena, y eso es muy bueno, pues uno se llena de regalos: de situaciones que a veces no están en el guion, pero que gracias a ese espacio, yo como actriz empiezo a habitar ese personaje con mucha más comodidad, más profundidad.>>

El nombre punk

<<El título de la película me recordó al título de Caluga o menta (1990, también de Justiniano), y me pareció que era totalmente el espacio del director, que yo respeto, es su película. Y era desfachatado, es punkie, poco condescendiente, y eso tiene mucho que ver con cómo es Gonzalo en la vida misma, con cómo él enfrenta su trabajo de director. O sea, no por nada en Cabros de mierda hay imágenes donde él está ahí con una cámara, en plena dictadura, mientras corrían balas por encima de su cabeza. Me es muy lógico este título.

En algún momento, la película estuvo a punto de llamarse La Francesita. Cuando empezamos a hacer visionados con más gente, decían “esta es la historia de ella”; éste es un trabajo coprotagónico, con el personaje que interpreta Daniel (Contesse), el gringo. Pero siempre terminaba ganando Cabros de mierda, tenía más fuerza. Es bien atrevido.>>

Un personaje retador

<<Me gustan los personajes difíciles, pues uno, finalmente, ejerce el oficio para el que se estuvo preparando desde el inicio de los estudios. Siempre andas buscando papeles que te desafíen, y éste tenía muchos desafíos: de la época, de no caer en un cliché, de que fuera lo más real y humano posible. Y, además, cinematográfico, que es un lenguaje que es bastante distinto, en cuanto a un personaje de televisión o teatro. Me hacía estar muy concentrada en el guion; a pesar de que improvisamos en todas las escenas, mi guion era mi guía absoluta; estuve todo el tiempo muy conectada, y también pasé mucho tiempo en el set, mientras grababa y no, para empaparme de la atmósfera. Leí varias cosas y, bueno, me ayudó la información que he tenido desde siempre. El material me era, absolutamente, cercano y, en ese sentido, la historia me inspiraba mucho.

El lenguaje, el formato presentaba un desafío diferente, más exigente. Uno como actor tiene que casi autoeducarse en el lenguaje audiovisual. Porque el actor en Chile estudia Teatro. Yo he hecho mucho teatro, y hago teatro todos los años, desde que tengo dieciséis, diecisiete años. Pero siento también que es deber del actor comprender los formatos a los que hoy nos vemos enfrentados. La práctica tienes que usarla de escuela y de práctica a la vez. Hay que entender muy rápido, y esta película llegó en un momento en que ya necesitaba poner en práctica lo que ya venía más o menos estudiando, y haciendo la diferencia entre el teatro, el cine y la televisión. Hoy puedo entrar y salir de cualquier formato, porque hay una cierta madurez actoral, que es muy beneficioso.

Mientras filmábamos, inventábamos una cantidad de cosas…, este guion ya se estaba abriendo para todos lados. Pero también confié mucho en la visión de Gonzalo, porque él escribió el guion, entonces que él estuviera cambiando cosas, era como que seguía escribiendo la película in situ, mientras grababa. Y grabamos muchísimo. Hay mucho material que quedó fuera del corte final y puede servir, perfectamente, para una serie: todos los personajes están llenos de historias; estaba tan bien tejido todo, los personajes tan bien delineados, construidos, que teníamos muy claras las relaciones, para dónde iba este buque. Hicimos la película, pero también dejamos hecha la serie. Y las historias que quedaron fuera son increíbles y muy entretenidas, porque los personajes son maravillosos.>>

La violencia

<<Tomando en cuenta el punto de realidad que tenemos, la violencia era de una brutalidad casi imposible de recrear en una película. Hay muchas cosas que sucedían y que podríamos haber puesto, pero creo que la decisión de Gonzalo fue muy acertada, porque si no, habría sido una película casi imposible de mirar. Fue en un equilibrio súper bien determinado.

Y creo que un actor tiene que estar preparado para enfrentarse a escenas brutales. Uno trabaja con el cuerpo, y ese cuerpo también tienes que exponerlo a esa brutalidad, si no, no se vive la escena. Me parece que está bien. Ahora, tampoco se trata de que se corran riesgos ni se sobreexija al actor, jamás hubo golpes de verdad, sino que se hizo de manera profesional. Había que recrear ese mundo de brutalidad y el cuerpo y las emociones están, completamente, al servicio de ello.>>

La reacción de Lebu al filme

<<Pasa algo bien interesante, que uno lo va constatando cuando uno muestra la película en distintos lugares. Ya sea en Santiago, en regiones, incluso fuera de Chile, la reacción del público es la misma. Entonces uno termina corroborando que tiene un lenguaje universal, y que el contacto que hace el público es desde lo emocional, y eso pasa aquí y en cualquier parte del mundo. Por lo tanto, la reacción en Lebu no ha sido tan distinta a la que hemos visto en Santiago o en Roma o en Argentina o en Cuba. La película provoca eso, es lo que tiene, funciona por sí sola.

El legado de Cabros de mierda tiene un punto ancla: el material de archivo real. Éste ya tiene más de treinta años y ya lo estamos usando hoy. La historia nos dice que mientras uno más indaga, más se entiende el presente, y puede tirar líneas al futuro. Esta película, de época sí o sí se va a revisitar. Además, tiene un salto de época entre los años de las imágenes reales y el ahora. Eso la hace doblemente particular, y extiende ese interés de la gente de revisitar esta película. Y las películas de Gonzalo hablan de manera directa de épocas de nuestro país, son tremendamente políticas.>>

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