Cultura y Espectáculos

Conversando con Alan Pauls

Por: Diario Concepción | 12 de Agosto 2017
Fotografía: Carolina Echagüe M.

Por: César Valdebenito
Escritor penquista

En la Feria del Libro de Buenos Aires del 2016 conocí a Alan Pauls, una verdadera estrella de la literatura Argentina. Naturalmente lo invité a tomar un café y hablamos de libros que nos gustan. Por un rato, repasamos y discutimos profundamente la obra de Philip Roth, Jonathan Franzen, Auster, Modiano, Moyano. Todos, según Pauls, escritores de primera fila. Le comenté que en mi escritorio descansaba Coetzee, Nothomb, Barnes y Guadalupe Nettel. Luego, me dijo: “Acabo de cumplir 57 años. Tengo unos hijos hermosos. Publiqué un libro exitoso. Cada fin de semana, bebo dos botellas de vino y fumo un cigarro. Mi familia tiene buena salud y vivimos en un barrio de gran belleza. ¿Qué más puedo pedir?”

Quedé pasmado. Así que le revelé que tenía menos años que él y que cada mes recibía entre 17 y 28 llamadas telefónicas de personas asegurando que me admiraban. Le expliqué: “Soy amado por la gente y despreciado por mequetrefes de cigarrillos en los labios”. Afirmé que solía almorzar en un cafecito subterráneo de Chile llamado “Amapola”. Tenía un depósito a plazo de 30 mil pesos y una herencia que nunca llegaba -y que quizá nunca llegaría- y eso me tenía en las cuerdas. Que buscaba trabajo desde hace cinco años, porque las metas difíciles me animaban y que soy capaz de escribir con las manos amarradas y los ojos cerrados. Sonrió. Me sentí como el torturado al que, de vez en cuando, le tiran un vaso de agua a la cara.

Entonces, afirmó que su esposa estaba leyendo a Piglia: “Los diarios de Emilio Renzi. Un escritor fabuloso”. Estuve de acuerdo y le susurré que acababa de leer los relatos de una mujer borracha. Me observó asombrado, me dijo que al día siguiente viajaba a Europa a presentar su último libro y debía soportar el infinito aburrimiento de cruzar el Atlántico. Por mi parte, le confesé, con devoción y confianza, que en un mes viajaba a la Feria del Libro de Colombia, que allí hay escritores obsesionados con los temas del miedo y del terror y que voy a compartir una mesa redonda junto a los autores peruanos Jaime Bayly y Jeremías Gamboa y que era nuestro deber proteger nuestro pequeño rebaño de lectores, con lo que estuvo de acuerdo. Al final, me regaló un magnífico ejemplar de uno de sus libros y yo le regalé mi quinto libro elegantemente empastado: Un día perfecto y otros relatos. Fruto de años de amor y dedicación. Me felicitó y lo abracé.

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