Una situación así, de eterna espera y continuo y rutinario retraso de obras regionales, es perfectamente esperable y comprensible para los lectores de la capital, al contrastar la dinámica y fluida realidad metropolitana con la adormecida eficiencia de las provincias.
Son varios los ejemplos de espacios que no han perdurado con el tiempo, pese a lo bueno de sus propuestas, siendo el financiamiento la principal barrera que sortear. La tenacidad y amor por el arte han logrado que pocos sigan funcionando.