La ley incorpora el concepto de centros de baja hasta de alta complejidad en un trabajo en red que es muy necesario para optimizar recursos.
Todos estamos en búsqueda de la quimera de la calidad de vida, que parece tan lejana como la felicidad cuando se la basa en aspectos materiales que van siempre escalando.
Se debe velar por la ausencia de este ámbito de interés por colectivos específicos, como los políticos, las compañías farmacéuticas transnacionales y entidades Empresariales de Salud que pudiesen entrar en intereses económicos extremos.
Esta ley nos brinda una oportunidad como país, para dejar de lado el personalismo, la división y la polarización, llevándonos a enfrentar esta cruel y terrible enfermedad.
Como región debemos valorar esta postura digna y respaldar con nuestros actos, siendo responsables de cuidarnos unos a otros y esperamos sea un paso indicativo de lo que debe ser un gobierno regional descentralizado.
Mientras en muchos países del mundo se debaten planes para la pospandemia, en Chile el camino está diseñado y fue producto de la lucha de un pueblo y es el Plebiscito de octubre y luego la Constituyente. Ni siquiera el socialtartufismo político desviará a los chilenos y chilenas en su camino hacia una sociedad más justa y solidaria.