La política de vivienda social ha creado barrios fuertemente segregados, que reflejan una vez más la dualidad y desigualdad estructural de nuestro país.
El desafío que se presenta hoy es que, en la nueva Constitución, se pueda reconocer el derecho de la ciudadanía a seguir participando en la definición de su felicidad.
La academia se configura como un motor de impulso para la internacionalización de las ciudades y regiones, entregando herramientas y mecanismos metodológicos pertinentes para realizar una política de internacionalización adecuada, profesional y de buenas prácticas.
La ciudadanía parece haber depositado en el proceso constituyente todas sus esperanzas, sus sueños, sus anhelos y fuerza para superar muchas frustraciones y sentidas injusticias o abusos desatendidos por la indolencia de la política, por mucho tiempo.
El resultado del Plebiscito nos habla de una voluntad mayoritaria y transversal de construir un espacio de diálogo sobre el Chile que queremos para las próximas décadas.