Se hace necesaria una entidad que coordine las acciones de los municipios y de las seremías, cruzando toda la información disponible; una inteligencia centralizada que evite las grandes congestiones a las que ya nos hemos acostumbrado en el Gran Concepción.
En estas circunstancias, la ciencia no es solo un producto barato, requiere una inversión sustancial y demanda ingentes recursos. El momento de la investigación a base de ingenio y buena voluntad terminó, y nuestro país debe hacer eco de ello.
Para el común de los mortales, los procesos parecen propios de la ciencia ficción: sistemas robóticos que unen maquinaria física y tangible con procesos digitales, capaces de tomar decisiones descen-tralizadas y de cooperar entre ellos y con los humanos.