Cuando nadie lo esperaba, Chile volvió a sentir esa sensación de licuación de la maquinaria estatal, de desgobierno.
Tras aquella difícil noche que se vivió en el Bío Bío, los sectores afectados han sufrido grandes cambios en cuanto a infraestructura. Sin embargo, habitantes de Dichato, Talcahuano y Caleta Tumbes aún tienen reparos en temas que afectan directamente a sus comunidades.
Sin lograr establecer comunicación alguna con el nivel central e, incluso, con las propias provincias hasta entrada la mañana, las autoridades regionales no pudieron dimensionar el nivel de destrucción provocado por el terremoto y posterior tsunami. La incomunicación contribuyó a tomar decisiones erróneas y entregar información que costó cientos de vidas.
Pasaron diez años, pero todos recordamos exactamente dónde estábamos en aquel momento. Fueron días sin luz ni agua, de solidaridad y tensión, de escuchar todo por radio y tragar saliva al ver imágenes de Alto Río o Dichato. Pasaron diez años y hay heridas que aún no sanan. No todo quedó en su lugar.
El terremoto de 2010 igual generó efectos para las autoridades. La presidenta con mayor apoyo popular de los últimos años terminaba su periodo cuestionada y los alcaldes de la época experimentaron periplos muy diversos y hoy están en el Congreso o fuera del mundo público.
El Morro, La Tortuga y el gimnasio Digeder fueron los tres espacios deportivos más dañados post terremoto y tsunami. Escombros y ratones hacían creer que estaba todo perdido, pero recintos llenos de historia fueron restaurados en base a lucha y espíritu.