Arduo trabajo para rellenar el terreno, juegos en el río y en vagones de tren abandonados son parte de la vida de una población que se hizo a pulso y que ahora da un vuelco para permitir el paso del puente Bicentenario.
Según Alfredo Salas, Director Internacional de Asuntos Públicos de la entidad, espera que durante su primer mes reciba a 150 mil personas de todo el mundo. Para su consagración se espera la visita de su líder mundial.