Opinión

Adultos disponibles, el antídoto que no cabe en una app

Por: Diario Concepción 01 de Septiembre 2026
Fotografía: Cedida

Sergio Chacón Armijo
Académico Departamento de Psicología UCT

Antes de contar cuántas horas pasa un adolescente frente a la pantalla, deberíamos preguntarnos qué encuentra cuando levanta la vista. Muchas veces encuentra a un adulto también atrapado en su propio teléfono. La ciencia le puso nombre a eso: tecnoferencia, la interferencia de la tecnología en el encuentro cara a cara. El desafío preventivo crítico no es sacar a los niños de sus pantallas, sino devolverles adultos disponibles.

Una investigación reciente que analiza 53 estudios y más de 60.000 participantes encontró que, mientras más interrumpe un cuidador la interacción por atender el teléfono, mayor es el uso problemático de redes en sus hijos. Esto aumenta cuando lo hacen ambos cuidadores. La relación funciona en los dos sentidos, y eso vuelve la intervención más urgente, porque es un círculo que se retroalimenta.

Culpar a las familias sería injusto y también inútil, porque buena parte del problema es estructural. Una madre o un padre que llega a las nueve de la noche después de un turno, de una jornada agrícola de temporada o de dos horas de traslado en la Araucanía rural no arrastra un déficit de autocontrol, arrastra una vida difícil. Las plataformas también juegan un rol, porque el mismo diseño que engancha al adolescente engancha al adulto que debería acompañarlo. El scroll infinito, el autoplay y las notificaciones programadas no distinguen edad.

Todos nos asombramos al leer que los jóvenes chilenos de quince años pasan un promedio de 45 horas semanales conectados, el registro más alto de la OCDE. Es una cifra impactante, aunque el tiempo por sí solo no distingue al adolescente que estudia con sus compañeros por WhatsApp del que no logra soltar el teléfono aunque le cueste el sueño y las notas. Por eso lo que de verdad protege se juega en la relación, no en el reloj, y esa relación se construye con decisiones domésticas pequeñas.

Ese acompañamiento se resume en lo podemos llamar las cinco C del adulto disponible: coherencia, compañía, curiosidad, consenso y conversación. Coherencia, porque la regla de no usar el teléfono en la mesa rige también para los adultos. Compañía, que son ratos cortos y constantes sin pantallas, la comida, el auto, el momento antes de dormir. Curiosidad, cambiar el interrogatorio por el interés genuino, un “¿qué es lo que más te gusta ver o hacer en el teléfono?” en lugar de un “¿cuántas horas llevas?”. Consenso, construir las reglas junto al adolescente en vez de imponerlas, porque lo acordado es más probable que se respete y, además, enseña a autorregularse. Conversación, hablar del tema temprano y sin dramatizar, dejando siempre la puerta abierta.

Al final, la prevención no cabe en una aplicación, cabe en cinco C.

Etiquetas

Notas Relacionadas