Daniel Escobar
Seremi de Minería
Cada agosto, en Chile celebramos el Mes de la Minería, una instancia para reconocer el aporte histórico de esta actividad al crecimiento y desarrollo del país.
El mundo está cambiando y, con él, también lo hace la minería. Durante décadas, cuando en Chile hablábamos de minería, pensábamos inmediatamente en el cobre. Más recientemente, incorporamos el litio como un recurso estratégico para nuestro desarrollo.
Sin embargo, la transformación energética, la electromovilidad, la inteligencia artificial, la creciente demanda de centros de datos, junto con el desarrollo de la industria aeroespacial y la robótica, han situado a otros minerales críticos en el centro de la discusión global, entre ellos, las tierras raras.
En este escenario, la Región del Biobío tienen una oportunidad histórica. Tradicionalmente reconocida por su capacidad industrial, logística, portuaria y universitaria, Biobío posee las condiciones para convertirse en un polo de desarrollo para esta nueva minería.
Esto se debe a que, cuando hablamos de minerales críticos, ya no nos referimos únicamente a yacimientos, sino también a ciencia, ingeniería e innovación, así como a la formación de capital humano especializado, un factor clave para enfrentar una transición energética y tecnológica que hoy tiene relevancia mundial.
Además, en nuestra región enfrentamos el desafío de transmitir a la ciudadanía que Chile cuenta con una ventaja comparativa de nivel internacional. A diferencia de la mayoría de los yacimientos existentes en el mundo, las tierras raras en Chile se encuentran en arcillas superficiales y no en rocas. Esto permite su extracción sin tronaduras ni el uso de químicos agresivos, reduciendo significativamente los impactos asociados a la minería tradicional.
A ello se suma un elemento distintivo: nuestro país cuenta con una institucionalidad ambiental robusta y rigurosa, capaz de exigir procesos de cierre que establezcan estándares inéditos para la actividad minera. Gracias a ello, Chile puede avanzar simultáneamente en la generación de empleo de calidad, tan necesario para el desarrollo regional, y en la protección de su patrimonio ambiental.
En definitiva, la transición energética, la robótica y las nuevas tecnologías han impulsado una demanda creciente de cobre, litio y tierras raras en todo el planeta. Chile ya es el principal productor mundial de cobre, posee algunas de las mayores reservas de litio y tiene la oportunidad de convertirse también en un proveedor estratégico de tierras raras para el mundo.