Editorial

Impacto negativo de la desinformación en la salud pública

En el periodo de 2010 a 2017 no se administró la primera dosis de la vacuna contra el sarampión a 169 millones de niños, lo que ha provocado un ascenso repentino de la enfermedad.

Por: Editorial Diario Concepción | 07 de Mayo 2019
Fotografía: Referencial

Se le ha descrito como uno de los casos  de mayor impacto de las noticias falsas, irreductible a toda suerte de desmentidos, la creencia que la vacuna tiene efectos graves sobre los niños se ha instalado en una parte significativa del subconsciente colectivo y resiste todo intento de remoción, sin importar  la rotundidad de la argumentación en contrario, una muestra perfecta de que las emociones son capaces de desplazar a la razón.

Las vacunas han evitado la muerte de más de 20,4 millones de personas en las últimas décadas.  Según un informe de la OMS, el sarampión ha afectado en lo que ha transcurrido del año a más de 110.000 personas en el mundo, lo que supone un incremento de alrededor de un 300% respecto al mismo periodo del año anterior. Este virus empezó a propagarse de manera alarmante en 2018: se detectaron solo en Europa 41.000 niños infectados, cifra que superó los casos registrados durante la última década. Según el Comité Asesor de Vacunas, al menos 37 personas fallecieron por sarampión en Europa el primer semestre de ese año.

Se estima que entre 2000 y 2016 la vacuna contra el sarampión evitó la muerte de 20,4 millones de personas. Sin embargo, en el periodo de 2010 a 2017 no se administró la primera dosis de esta vacuna a 169 millones de niños, lo que ha provocado este ascenso repentino de la enfermedad. En el primer mundo, el auge del sarampión lo ha provocado una conspiración colectiva que gira en torno a cuatro ejes probadamente falsos: los niños se inmunizan mejor de manera natural; las vacunas contienen componentes químicos  tóxicos; provocan autismo y  son un invento de los laboratorios para ganar dinero.

La situación epidemiológica en Chile muestra que desde introducción de la vacuna, y luego con las campañas de vacunación, la enfermedad ha cambiado su perfil. En 1990 se puso en marcha un plan de vacunación que incorporó la vacuna trivírica al año de edad, y luego en 1991, un refuerzo a niños de primero básico, logrando una cobertura del 100% a nivel nacional. Con estas medidas, en 1992 se presentó el último caso de Sarampión endémico en Chile.

La misma noción de conspiración internacional para vacunar a pesar de supuestas graves consecuencias para los niños, ha significado la emergencia de movimientos  antivacuna. Desde el Ministerio de Salud se ha informado que, aunque el porcentaje de personas que rechazan la inoculación es muy bajo, incluso por debajo del 0,1%, hay un riesgo para los niños que no se puede tolerar, recordando que los padres que se nieguen pueden ser llevados a tribunales por parte del Servicio de Salud respectivo

El Ministerio de Salud recomendó  hace pocos días a la población vacunarse contra el sarampión, por tratarse de una enfermedad muy contagiosa y grave que en lo que va de año ha reportado en Sudamérica el doble de casos de 2017, sobre todo a los nacidos entre 1971 y 1981 y aquellos que vayan a viajar a lugares donde hay brotes, tanto en Latinoamérica como en Europa.

Ha sido hasta aquí un concepto básico que para tener opinión hay que estar informado, sin embargo, ha surgido con fuerza la posibilidad de tomar malas decisiones, porque ha aumentado la frecuencia y cobertura de la información errónea o falsa. Cambiar el cuadro sanitario de un país por ejemplo, es una muestra de la potencialidad de esta desinformación y un llamado a buscar la seriedad de las fuentes.

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