Editorial

A la espera de la nueva educación

Ante los profesores se despliega un desafío nuevo, aunque no reciente, la evolución hacia una nueva escuela, más compleja y diversa, con nuevas demandas y aspiraciones.

Por: Editorial Diario Concepción | 03 de Marzo 2019
Fotografía: Diario Concepción

Regresa a las aulas la gran mayoría de los escolares chilenos y las ciudades empiezan a recuperar sus funciones habituales y reencontrarse con situaciones inconclusas, en este caso, aquellas pendientes en la educación, uno de los temas más relevantes para el conjunto de la ciudadanía.

A muy poco andar, en casi todos los problemas que impactan la vida en la sociedad chilena, en el fondo, de manera directa o como resultado asociado, es la calidad de la educación lo que hace la diferencia, desde la convivencia en el hogar, hasta los comportamientos colectivos, en esa calidad reposa la posibilidad de crecer como país y de avanzar en el desarrollo, tanto cultural como material.

Desde que se iniciaron los debates para la reforma educacional se ha mencionado la calidad de la educación, una suerte de mantra ritual y retórico, que no logró enfocar adecuadamente el factor oportunidad, es decir, cuándo era más aconsejable iniciar esa gran revolución hacia la mejor educación de los chilenos, Por razones tanto políticas de inmediato impacto, como por los enormes compromisos económicos necesarios, prontamente la discusión se centró en la gratuidad de la educación superior, desatando una polémica cuyas connotaciones , a pesar de los años transcurridos, no termina de desplegarse.

Sin embargo, las escuelas y colegios siguen funcionando, con o sin reforma, asumiendo la responsabilidad de formar a los niños y jóvenes chilenos, en una rutina establecida desde el nacimiento de la Patria, con todos los actores en diversos grados de responsabilidad y compromiso; el Ministerio de Educación, más la comunidad escolar y los padres y apoderados, que han tenido que adaptarse, leyes o no, a las realidades cambiantes.

Ante los profesores se despliega un desafío nuevo, aunque no reciente, la evolución hacia una nueva escuela, más compleja y diversa, con nuevas demandas y aspiraciones, la presencia de niños de familias migrantes, la inclusividad de niños con capacidades diferentes, sumado a los avances tecnológicos en comunicación.

Es dable plantear si los profesores, antiguos y nuevos, están igualmente capacitados para lidiar con esos desafíos, tener que resolver los frecuentes y en aumento problemas de convivencia, que demandan habilidades para abordar conflictos, situaciones nuevas de género, de derechos de minorías y competir con la información avasalladora y no pocas veces inadecuada de las omnipresentes redes de internet.

Se ha advertido que los nuevos profesores no están preparados para abordar, en miles de colegios con Programa de Integración Escolar, alumnos que poseen necesidades educativas especiales, estimados en 350 mil en todo el país, no se les ha preparado adecuadamente, aun reconociendo la voluntad de muchos por suplir esa falta con dedicación y compromiso.

Persiste una relación tensionada entre las políticas de Estado y la situación de los profesores y los colegios, por mucho que los discursos declaren avances sustantivos.

La gran reforma en la educación está todavía en compás de espera, el plan maestro para formar a todos los niños chilenos, en igualdad de condiciones, desde el principio, no ha sido puesto sobre el tablero de diseño.

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