El cruce de curvas entre nacimientos y mortalidad obligará a reformular el mercado del trabajo, la recaudación fiscal y el financiamiento de la vejez.
Según el informe Panorama Demográfico en Chile del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el país llegará a su máximo de población en el año 2035, alcanzando un tope de 20.643.490 habitantes. Sin embargo, al año siguiente este número comenzará a descender progresivamente.
De acuerdo con el documento, se proyecta que para el año 2070 la población llegue apenas a los 17 millones (16.972.558). Al mismo tiempo, se estima que ya en 2028 el número de defunciones superará al de nacimientos, momento en que habrá más personas mayores de 64 años que menores de 15 años.
El ente estadístico señala que las cifras provisionales de 2025 confirman que los nacimientos en Chile disminuyeron un 46,9% en 32 años, mientras que la tasa global de fecundidad sufrió una caída del 59,4% entre 1993 and 2025. Dado este escenario, los expertos advierten sobre el fuerte impacto que la crisis demográfica tendrá en el crecimiento económico y en la fuerza laboral.
Renato Segura, economista de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM) Sede Concepción, aportó cifras locales: “En Biobío el promedio de envejecimiento es de 119 puntos; es decir, hay 119 personas de 60 años o más por cada 100 menores de 14 años. La cifra está por sobre el promedio nacional, que alcanza los 106 puntos de acuerdo con el Censo 2024″.
Segura indicó que “el panorama a 10 años plazo es complejo, toda vez que afectará negativamente a la fuerza laboral y presionará por mayores recursos fiscales para mantener un sistema de protección social orientado a una población pasiva en aumento”.
Por su parte, Javier Sepúlveda, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas (Facea) de la Universidad de Concepción (UdeC) y exseremi de Economía del Biobío, planteó que “con menos nacimientos hoy, en los próximos años habrá una menor incorporación de personas al sistema educativo, al mercado laboral y al consumo en general, lo que podría reducir el dinamismo económico y ocasionar dificultades para disponer del capital humano que requieren los distintos sectores productivos“.
Asimismo, el exseremi sostuvo que este cambio demográfico también debe observarse como una oportunidad para reorientar la matriz productiva. “A medida que la población envejece, disminuirá la demanda por algunos bienes y servicios vinculados a la infancia y juventud, mientras crecerá de forma significativa la necesidad de servicios de salud, cuidados, asistencia domiciliaria, vivienda adaptada, movilidad accesible y soluciones que permitan una mayor autonomía y calidad de vida para las personas mayores”.
Otra oportunidad identificada por Sepúlveda apunta a que las startups y empresas locales desarrollen bienes y servicios más sofisticados y con mayor valor agregado. “Tecnologías para el monitoreo remoto de la salud, plataformas digitales de cuidados, dispositivos de apoyo para la vida independiente, turismo senior, servicios especializados y soluciones basadas en inteligencia artificial son ejemplos de áreas con alto potencial de crecimiento. La llamada “economía plateada” puede transformarse en un nuevo motor de innovación y emprendimiento para nuestra región”, destacó.
Para el docente de la UdeC, la política pública jugará un rol fundamental. A su juicio, se requiere impulsar la innovación, fortalecer los ecosistemas de emprendimiento, promover la transferencia tecnológica y avanzar en políticas que favorezcan tanto la crianza como el envejecimiento activo y saludable.
El Dr. Luis Méndez, director del Observatorio Laboral Biobío y académico de la Facultad de Ciencias Empresariales (Face) de la Universidad del Bío-Bío (UBB), explicó que la natalidad presente determina el tamaño de la población del futuro. Los expertos en demografía lo tienen claro, pues el crecimiento demográfico es uno de los factores cuya predicción posee mayor certeza.
“Si la natalidad tiende a estancarse, la población disminuirá, salvo que haya un incremento de población migrante que la supla. Si la población se reduce, la fuerza de trabajo —es decir, la población en edad de trabajar y dispuesta a hacerlo— también lo hará, lo que podría generar un fenómeno de escasez laboral con el consiguiente aumento en los salarios“, advirtió Méndez.
El académico agregó que una contracción en la natalidad causará cambios en las tasas de participación, de ocupación, en los niveles salariales y en la productividad, “a menos que ocurran transformaciones tecnológicas profundas que pudieran revertir dichas tendencias”.

Foto: Carolina Echagüe
Desde la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), el Dr. Cristian Guzmán Cofré, director del Departamento de Economía, manifestó que el problema de la baja natalidad está asociado a una crisis de largo plazo vinculada al tamaño del mercado laboral y al recambio de la población que financia, a través de su trabajo, sistemas como el de pensiones. “En ese sentido, sí tendrá un effecto en la productividad porque, si mantenemos las actuales edades de jubilación, en el futuro tendremos un mercado laboral cada vez más pequeño”.
Guzmán coincidió con sus pares en que las políticas públicas deben comenzar a evaluar cómo mejorar la empleabilidad y la participación en el mercado.
“Con menos personas trabajando habrá una menor capacidad de producción, incluso si contamos con una fuerza laboral altamente calificada. Por lo tanto, el desafío debe abordarse desde dos frentes: por una parte, cómo financiar la mayor presión sobre el sistema de pensiones y el acceso a bienes de una población envejecida; y, por otra, cómo generar un mayor dinamismo en el mercado laboral en el mediano y largo plazo”, advirtió.
Finalmente, el informe del INE expuso que el crecimiento natural (la diferencia entre el total de nacimientos y defunciones) a nivel nacional mostraba en 1993 una tasa de 15,3 por cada mil habitantes, mientras que en 2025 cayó drásticamente a un 0,9 por mil, equivalente a una baja de 14,4 puntos (-94,1%).
Además, el reporte destaca que las regiones con mayor número de comunas con crecimiento natural negativo son La Araucanía, Biobío, Los Lagos y Valparaíso. En total, estas cuatro regiones suman 80 comunas en esta condición, lo que representa el 51,3% de los municipios con cifras rojas de crecimiento en todo el país.