Editorial

El año de las tareas regionales pendientes

Por: Mauro Álvarez | 31 de Diciembre 2017
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Las primeras líneas sean para dejar en claro que no se trata de una denuncia de gestión incompleta de nuestras autoridades, aún más, es posible que la capacidad de algunas de ellas haya sido enmascarada por la densa red de dificultades que se antepone a cualquier proyecto para la Región, que de haber aplicado igual esfuerzo en la capital los resultados habrían sido superiores y muy por encima del nivel conseguido en esta parte del territorio, en un país que insiste en invertir sin demora en todo aquello que responda a las interminables y siempre crecientes demandas capitalinas.

En medio de lentos y casi reptantes avances, llenos de interrupciones y rediseños, ha ido quedando en evidencia que hace tiempo que dejó ser eficiente el coro anual de súplicas y que había que dar fuerza y legitimidad a las demandas justas por el desarrollo simétrico del país en general y de nuestra región en particular, ya que de otro modo su peso relativo en el aporte al desarrollo de Chile se ve minimizado, coartando sus evidentes potenciales para contribuir de modo robusto el crecimiento de la economía y al desarrollo socioeconómico y cultural del país.

La regionalización marcha por los caminos laterales, evitando, casi cuidadosamente, pisar en el terreno minado de la cesión de poder, en razón de lo anterior, se enfatiza el logro de la elección de los intendentes, dejando para después -acápite usual para proyectos regionales,- qué asuntos dejarán en sus manos y con qué grados de libertad.

El Puente industrial, el Tercer Dique, promesas repetidas y cumplimento soslayado por coyunturas siempre renovadas. El soterramiento de la línea férrea que segmenta a la ciudad, un proyecto que para efectos prácticos no tiene fecha de ejecución a pesar de su relevancia; en espera, por más de dos decenios, merece atención especial, ya que su ejecución cambiaría la cara y la vida de los habitantes de la capital regional, basta con observar la transformación experimentada por Viña del Mar tras el soterramiento de su línea férrea -que pasaba por el centro- el 2006. La nueva imagen de la ciudad en este sector, hace casi imposible imaginar cómo fue en el pasado.

Una cantidad más bien centenaria de años cumple el proyecto Paso Pichachén para que se le dote de la infraestructura vial y aduanera que lo consolidaría como un sector de contacto para turismo y comercio con las ciudades argentinas de esa parte del territorio.

En el centro de la ciudad, a metros de la Plaza Independencia, se levantan los arcos ruinosos del Mercado Municipal y aun así declarado monumento histórico. La reconstrucción del sector permanece al estado de proyecto en fase previa por más de cuatro años, sin visos de marchar a parte alguna.
Hay que ser justos, no ha sido por falta de esfuerzo, otras iniciativas importantes han tenido mejor destino, el Parque Ecuador, la ciclovías, los proyectos para rescatar las lagunas urbanas, la defensa que debe ser sin concesiones del plan regulador de la ciudad para preservar la belleza de su entorno y la calidad de vida de sus habitantes.

En el fondo, ante un inminente cambio de autoridades, son los actores locales, los parlamentarios, los representates mayores de la gestión regional, los que deben actuar con fuerza para dar continuidad a los planes de desarrollo y a la reiterada intención de levantar la región con esfuerzo propio, con renovado compromiso.

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