Editorial

Evaluación externa del sistema chileno de pensiones

Por: Editorial Diario Concepción | 03 de Diciembre 2017
Fotografía: Romilio Pasmiño G.

Frente a la controversia sobre el comportamiento de las empresas AFP- una situación que se ha transformado en un eje de polémica en la campaña presidencial-, la información proveniente de la organización internacional Melbourne Mercer Global Pension Index, señala que Chile es líder en América Latina en índice global de pensiones, conclusión a primera vista aparece como poco creíble, considerando en general el bajo nivel de las pensiones de los chilenos.

Sin embargo, al examinar los factores que operan en los resultados del sistema, desaparece la aparente inconsistencia entre un sistema descrito como muy efectivo y la realidad concreta de pensiones bajas e insatisfactorias, ya que en términos simples, se trata de separar dos variables distintas para que ese sistema funcione; una es el sistema mismo y la otra, el aporte de los trabajadores, ya que el resultado depende de la correcta interacción de esos dos componentes.

El Índice aludido es la comparación más completa de los sistemas de pensiones a nivel mundial. Por lo mismo, se constituye como la principal herramienta de investigación disponible para orientar a los gobiernos en el desarrollo de políticas que otorguen beneficios de jubilación adecuados y sostenibles para todos sus ciudadanos. En el último, correspondiente a 2017, Chile encabeza los sistemas de pensiones de Latinoamérica, superando a Colombia, Brasil, México y Argentina.

Sin mayores complejidades técnicas, el sistema funciona a base de dineros depositados para ser administrados en la mejor forma, para que los aportantes puedan tener un adecuado soporte financiero una vez que abandonen el mundo laboral. Es el aporte de dinero el que determina el nivel de pensiones, por lo tanto, si el fondo no recibe el aporte de todos los trabajadores, si los aportes son discontinuos o menores a los necesarios, entonces las pensiones inevitablemente serán insatisfactorias.
El otro factor añadido, que tiene inmediata repercusión en los montos de la pensión, es el tiempo esperable en la condición de jubilado, es decir, la sobrevivencia, en la medida que los chilenos y chilenas vivan más después de jubilar, mayor es el número de cuotas a distribuir en el tiempo los fondos reunidos, lo que ha repercutido claramente, ya que no es igual un fondo dividido en 13 que en 18 o más años.

Las soluciones posibles son las que se desprenden; aumentar los aportes, aumentar el número de ellos, al jubilar más tarde, dar mayor continuidad a los aportes, además, como es lógico, velar por la calidad de la administración de los fondos, variable que según el índice está en un muy buen nivel.

Es este un problema delicado, que afecta la calidad de vida de millones de chilenos, no puede ser tratado con medidas efectistas. No hay que confundir la eficiencia del sistema con los insumos que se le entregan para que funcione. La propuesta No más AFP, su reemplazo por un sistema de reparto sin saber qué fondo se reparte y cómo se construye o cuán sostenible resulta, es irresponsable, aunque con una buscada rentabilidad electoral.

Hay muchas opciones sobre la mesa, un mayor aporte patronal y del trabajador, fondos solidarios del Estado, un mejoramiento progresivo del nivel de rentas, cálculos diferenciados de supervivencia, la voluntad política de regularizar y normar los aportes por trabajadores independientes, son posibilidades abiertas para perfeccionar un sistema que en su estructura ha dado muestras internacionales de funcionalidad.

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