Cultura y Espectáculos

Una Mujer Fantástica: Los colores del triunfo

Por: Esteban Andaur | 06 de Marzo 2018
Fotografía: Una Mujer Fantástica

Ya lo habíamos anticipado: Chile ganó el Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera en la dirección de Sebastián Lelio.

El filme sobre el duelo de Marina Vidal (Daniela Vega) tras fallecer su pareja Orlando (Francisco Reyes), se estrenó el año pasado en la Berlinale, ganando el premio al Mejor Guión. Ahora bien, en la competencia por el Oso de Oro se impuso la húngara En cuerpo y alma de Ildikó Enyedi. Ambas compitieron por el Oscar la noche del domingo y debo decir que la húngara era mejor. También lo era la sueca The Square, que le valió la Palma de Oro a Ruben Östlund en Cannes. Y la mejor película chilena de 2017 fue Cabros de mierda de Gonzalo Justiniano. Lo cual no quita, sin embargo, que Una mujer fantástica sea meritoria.

Es estupendo que un cineasta temerario e inquieto como Lelio haya ganado un Oscar. Una mujer fantástica posee elementos geniales, como la secuencia musical, la hojarasca, la iluminación surrealista del sauna, las poesías visuales del diseño de producción y un MacGuffin sobre una carta que está excelentemente lograda. Es el trabajo más elegante y estético de Lelio y que aplique tal estilo a una historia con una protagonista transexual es encomiable. Mas es la historia lo que no termina por convencerme.

Aislando las escenas, funcionan en persuasión política y en entretenimiento; la actuación de Vega es sobria, ya que el guión no le exige grandes momentos dramáticos y el clímax es perceptivo en cuanto Marina no llora, sino que contempla, con asombro, gratitud, el amor que se acabó y que la hizo feliz. El estoicismo del personaje nos conduce a través de sus peripecias, pero lo que le sucede a Marina está al servicio del estilo y del discurso social del filme: hay situaciones, tanto en la premisa como en el propio guión, que Lelio manipula para expresar su punto de vista, incluso corriendo el riesgo de que cuestionemos la integridad moral de Marina. El relato emerge panfletario y artificial,  siendo más convincente la suma de las partes que el todo.

No obstante, Una mujer fantástica es un testimonio del espíritu artístico del director y de su compasión. El filme captura el momento global que vive la sociedad. Comporta un visionado imperioso, sobre todo ahora que tiene el Oscar. Si bien, el marketing y el glamour involucrados ayudan a esa percepción, este premio no debe considerarse como el dictamen oficial sobre el cine. Sin importar sus inclinaciones, lo valioso es que inicie discusiones sobre la condición humana y el arte, que, en el fondo, son casi lo mismo.

La gente conocerá de la existencia de Una mujer fantástica y su relevancia social no pasará inadvertida. Mas dicha relevancia hará que sus virtudes y defectos sean más claros para el público con el paso del tiempo, por lo que no puedo asegurarle una buena vejez como historia. Aun así, la ambición de Lelio hace de su filme la consolidación del Cine Queer Chileno. Es de esperar que esto fortalezca el apoyo estatal y empresarial a nuestra producción audiovisual en cine, y en televisión, así también como a la educación audiovisual, la educación sobre asuntos LGBTQ y legislaciones igualitarias. Todo lo que significa este logro es muy bueno. Felicitaciones.

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