Cultura y Espectáculos

Crítica de cine: Estos Guardianes no salvan a nadie

Por: Esteban Andaur | 20 de Septiembre 2017
Fotografía: Cedida

Como refutación al cine de superhéroes de Hollywood, esta película rusa posee pésimos efectos especiales y una trama derivada de mejores películas; en fin, es imposible recomendarla.

Me generaba mucha expectación ver una película rusa en el cine. Y la primera oportunidad que tengo es con una de superhéroes, para variar. Se llama Guardianes (2017), y es una atrocidad.

La historia cuenta que en el período de la Posguerra de la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos realizaron experimentos genéticos en personas para dotarlas de superpoderes, creando un equipo llamado <<Guardianes>>. Son tres hombres y una mujer: uno se convierte en oso total y parcialmente, otro puede controlar rocas, otro es superveloz (como Flash) y utiliza un par de sables circulares, y ella puede hacerse invisible. La humanidad necesita justo esto para sobrevivir al apocalipsis que sobrevendrá, si los Guardianes no detienen al científico loco que los creó, y que debido a los experimentos, no ha envejecido ni un día, al igual que sus vástagos superhéroes.

La premisa está reciclada de casi todas las películas de superhéroes hechas a la fecha. No hay nada nuevo, y lo que se nos entrega está mal hecho. Los diálogos están estructurados de tal forma que cada vez que los Guardianes quieren expresar sus sentimientos (así como para darle profundidad psicológica rutinaria a personajes más febles que un trozo de papel), lo hacen ante una de las agentes de inteligencia que los encontró y reclutó para la misión. Ellos se confiesan con ella, uno por uno; los realizadores usan la misma música para estas escenas <<íntimas>>; los diálogos sólo se reducen a cosas como <<estoy triste, jamás pensé que mi vida llegaría a esto>>, entre otros clichés de frustración personal.

Y yo que pensaba que ya tenía suficiente con mi dosis de superhéroes hollywoodenses, de los cuales han sacado un par de grandes películas. Y es, precisamente, ésa la razón de la existencia de Guardianes: es una refutación a ese género del cine comercial contemporáneo, del cual EE.UU. profita de lo lindo; pero es una refutación patética. Si Godard dijo una vez que <<para criticar una película, tienes que hacer tu propia película>>, pues los realizadores de Guardianes debieron haber devuelto el presupuesto completo sin tocar un solo centavo.

Este bodrio toma elementos de los X-Men, los Guardianes de la Galaxia, los Vengadores, los Cuatro Fantásticos (personajes de Marvel que ya tienen sus propias películas), e incluso, tal vez, algo de la Liga de la Justicia. ¡Ni DC Comics se salva de esta calamitosa intertextualidad!

Por lo menos, uno puede solazarse apreciando cierto tipo de aire de deconstrucción en su manufactura. Como cuando la cámara enfoca el trasero de la mujer guardiana, delineado por unos pantalones de cuero ajustadísimos, y después vemos un plano de su torso por delante, justo antes de entrar en batalla. O cuando alguien le pregunta a la agente confesora de los Guardianes cómo se llama la operación, la pantalla se funde a negro y aparece el logo de la película, y conocemos el nombre de dicha operación. O cuando uno de los Guardianes se prepara para pelear en el desierto, y un plano aberrante en cámara lenta lo muestra desenvainando sus sables, y uno sabe que Michael Bay debe estar temblando al otro lado del mundo. Ah, y cuando la película empieza, los planos están montados a un ritmo de un plano por segundo, más o menos, y con una horrible paleta de colores, y tenemos otro homenaje a Bay.

Y no nos olvidemos de la escena a la mitad de los créditos finales, en donde se sugiere tanto que la agente confesora también es una superheroína encubierta, como que habrá secuela, y que, probablemente, el día de aquel estreno será el mismísimo apocalipsis. Y entonces no habrá Guardianes que nos salven, porque habrán ido al cine.

Pero si Guardianes quería criticar los vicios del cine de acción estadounidense, pues terminó abrazándolos. Es un autoboicot.

Las escenas de acción son tan estúpidas que te preguntas para qué tienen superpoderes estos Guardianes en primer lugar, y por qué estás sentado en esa butaca cuando puedes estar afuera, aprovechando tu tiempo en actividades saludables para tu cerebro, alma y corazón. Oh, y el CGI es horrendo, pobre, nada creíble. Y el vestuario parece incluir los músculos de los Guardianes masculinos, sin presumir que los tengan en sus propios cuerpos debajo de los trajes.

Sin embargo, lo que más me llama la atención es que el cine de superhéroes funciona, igualmente, como una especie de sucedáneo de romances entre hombres. En estos filmes, los hombres sólo pueden manifestar su afecto con escenas de peleas en defensa del honor de un amigo o del propio, o para rescatar a un amigo, y casi siempre son peleas en donde los actores nos muestran cuánto han tenido que ir al gimnasio para que puedan filmar sus escenas. En fin, es extraño que los rusos incursionen en este tipo de relato homoerótico, cuando su gobierno ha perseguido, encarcelado y agredidos a la comunidad LGBTQ en los últimos años.

Había buenas intenciones en Guardianes, por lo que pudo ser una buena película, absurda, pero con un sentido decente del entretenimiento. Sin embargo, es todo lo contrario. ¿A esto ha llegado el cine ruso? Tarkovski debe estar revolcándose en su tumba.

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