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Veredas urbanas: ¿Erradicar el liquidámbar?

Por: Diario Concepción | 11 de Marzo 2018
Fotografía: Lukas Jara M.

Se dice que la causa del deterioro de todas las veredas de Concepción donde existe liquidámbar se debería a este noble árbol, y como resultante se lo declara “culpable”: muy livianamente, entonces, se lo sentencia a muerte. Así de simple.

Por: JuanVilla Baglietto
Ingeniero Agrónomo

Vivo en la avenida Chacabuco 1155, entre las calles Ongolmo y Orompello, avenida conectada a la Diagonal Pedro Aguirre Cerda, y que constituye junto al campus de la UdeC, el núcleo urbano más hermoso de nuestra ciudad.  Me impuse a través de una conversación con un obrero, que las veredas o aceras peatonales de la avenida Chacabuco entre la Plaza Perú y Arturo Prat, serán reparadas totalmente por ambos costados, lo que es muy loable y de gran beneficio para la comunidad.  Ante mi pregunta, ¿y qué pasará con los árboles que cubren toda la Avenida?, su respuesta fue lapidaria: la Municipalidad eliminará todos los árboles causantes de los deterioros de las veredas de la avenida Chacabuco. Este “magnicidio” me motivó para escribir este artículo cuyo único objetivo es entregar conocimientos a toda autoridad que sea pertinente y evitar tamaña insensatez.

La especie de árboles de carácter ornamental que embellece la Av. Chacabuco, es el Liquidámbar Styraciflua, árbol originario de la América boreal y, como tal, es resistente a las bajas de temperatura, de hoja caduca, alcanza hasta 20 metros de altura y entre 10 a 15 metros de diámetro de copa de forma cónica. Sistema radicular fuerte, formado por una maraña de raíces pivotantes y rastreras que forman una trama leñosa y dura. Esta es la defensa que desarrolló el árbol ante el ataque de su único depredador, que es el ser humano.

Su característico uso de árbol ornamental se debe, además de su atractiva forma, a los extraordinarios cambios en la coloración de la clorofila según la estación del año, desde verde en primavera y verano, cambiando en otoño a amarillo, pasando por naranjo hasta rojo intenso. Esta maravilla de la naturaleza nos entrega, además de sombra, una primera línea de combate al avance del cemento, alzándose como una cortina verde y multicolor ante las torres de hormigón.  Estimo que los liquidámbares de la vereda Oriente de Chacabuco deben tener más de 40 años, y los de la vereda opuesta alrededor de 35 años, aun cuando hay ejemplares, que también representan 40 años. Los diámetros de los troncos varían entre 30 y 50 centímetros.

Se dice que la causa del deterioro de todas las veredas de Concepción donde existe liquidámbar se debería a este noble árbol, y como resultante se lo declara “culpable”: muy livianamente, entonces, se lo sentencia a muerte. Así de simple.

Yo, con mucho respeto a todas las autoridades que directa o indirectamente manejan los recursos urbanos (provenientes de impuestos de todos los contribuyentes), discrepo en que el causante del mal estado de  las veredas sea exclusivamente el liquidámbar, de acuerdo a los antecedentes y reflexiones que se detallan a continuación.

Cuando ejecutaron las plantaciones 30 a 40 años atrás, las tazas de plantación se hicieron de pequeño diámetro y en muchos casos el pavimento de la vereda cubrió la taza, incluso se rodeó el tronco con cemento, es decir tazas de pocos centímetros cuadrados, y asumiendo que la profundidad del hoyo no debió superar los 50 cm, el volumen de suelo para sustentar el árbol y permitir su desarrollo resultó absolutamente insuficiente. En la ciudad, con el tiempo el suelo alrededor de la planta está extraordinariamente compactado por el efecto del cemento y el peso de los vehículos, lo cual ha implicado que la raíz del árbol esté, hoy, totalmente alterada por falta de oxígeno y absorción de nutrientes; la planta responde a esto desarrollando un sistema basal radicular muy fuerte, que se extiende lateralmente levantando los radieres de cemento y las baldosas que constituyeron antes el pavimento.

Cuando los liquidámbares disponen de un volumen de suelo natural  para desarrollar sus raíces, los árboles muestran buen desarrollo; es el caso específico de las especies de la Avenida Chacabuco entre Ongolmo y Orompello acera Oriente. En caso contrario, con tazas inexistentes, presión del cemento y compactación alrededor del tronco, los levantamientos del cemento e incluso soleras, resultan evidentes.

Ahora el mal está consumado: las plantaciones fueron mal ejecutadas, las plantas respondieron levantando las veredas, pero ello no significa que haya que sacrificar los árboles, sino que hay que aplicar  técnicas que mitiguen el daño.  Para disminuir los daños actuales, se deben agrandar las tazas (que prácticamente no existen), a un mínimo de un metro cuadrado; si la superficie no lo permite, la solera de la calzada vehicular se debe separar al menos en treinta centímetros de un árbol: menos cemento para los vehículos, más suelo para nuestros amigos los árboles y las plantas.

Y en futuras plantaciones de liquidámbar  hay que usar las técnicas adecuadas. Ello es complejo, porque las características botánicas de sus raíces son muy fuertes y resistentes, lo cual puede  impedir que el nivel de las albañilerías en su derredor sea parejo, tendiendo a formar ondulaciones. Hay que hacer hoyos de plantación de un metro cúbico (1mx1m de ancho por 1m de profundidad) lo que permitirá al árbol desarrollar mejor sus raíces. El suelo que debe cubrir las raíces de cada nuevo árbol debe mezclarse por mitades con suelo orgánico conocido como humus o tierra de hoja, cuyas características son baja densidad, alta porosidad y mejorador de la fertilidad del suelo. ¿Cómo se obtiene el humus? Con las abundantes hojas caducas del mismo liquidámbar, durante el otoño y parte del invierno; se produce un proceso de humificación en base a una técnica de fácil aplicación.

Durante el receso vegetativo estacional se deben efectuar podas de copa; al reducir el follaje, el árbol produce menos crecimiento radicular. Hay que establecer reglamentos que impidan estacionamientos de vehículos, incluyendo camiones en torno a las tazas porque la compactación reduce la infiltración del agua y los intercambios gaseosos de las raíces por absorción de nutrientes. No es simple, pero se puede hacer convivir lo natural con la dureza artificial urbana.

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