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Ciencia y Sociedad

Tiempo libre en vacaciones escolares: hallar equilibrio entre las actividades provechosas y el ocio

Flexibilizar y a la vez mantener rutinas y horarios, actividades regulares, recreación libre y descanso es lo que necesitan niños, niñas y adolescentes.

Por: Natalia Quiero 07 de Febrero 2026
Fotografía: Cedida

Quedan varias semanas antes que los estudiantes ingresen a un nuevo año académico, a las rutinas estrictas y responsabilidades que en las vacaciones quedan atrás. Aunque hay temores e inquietudes de los padres relacionadas al buen uso del tiempo libre, muchos creen que lo ideal es que sus hijos mantengan siempre los mismos horarios o tengan llenas sus jornadas con actividades, otros optan por lo opuesto.

La clave está en el equilibrio, el error en los extremos: “En las vacaciones los padres tienden a llenar de actividades a los niños, o bien de quitarle todas las actividades. Pero, debe ser un punto medio, ambos extremos son dañinos”, advierte Tihare Ramírez, psicóloga infanto-juvenil del Centro de Vida Saludable de la Universidad de Concepción (UdeC) y Centro Terapéutico Lazos de Concepción.

Entre rutinas y flexibilidad

En las vacaciones es fundamental mantener rutinas y realizar actividades provechosas, pero también flexibilizar las jornadas y dejar espacio al ocio y descanso. La profesional enfatiza que todo es relevante para el desarrollo y bienestar integral de niños, niñas y adolescentes, como lo es para personas de toda edad.

Es básico mantener rutinas con horarios definidos y saludables para acostarse y levantarse que permitan un sueño reparador, para comer y realizar actividades planificadas como tareas domésticas o talleres, y también dejar tiempo libre, cambiando las jornadas madrugadoras y rígidas del año escolar, explica.

De esta forma se fomentan de forma proporcionada hábitos básicos, el necesario descanso que libere el estrés o agotamiento del año y permita reponer energías, y el adecuado desarrollo físico y socioemocional.

“Las rutinas son fundamentales en la formación de los niños y jóvenes, porque son el marco de seguridad temporal y espacial en que se desenvuelven el resto de las actividades”, releva el doctor Sergio Gatica, jefe de Magíster en Psicopedagogía y Educación Especial
de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Ucsc).

Ello tiene efectos relevantes en la organización, anticipación, regulación de las emociones como la ansiedad, y mantención de hábitos que impactan la salud como higiene del sueño y alimentación.

Al respecto, destaca que las personas requieren cierta cantidad de sueño nocturno y reparador que influye en la salud cerebral, mental y física, lo que es aún más crítico en la niñez y adolescencia por ser etapas de desarrollo físico, cognitivo y social. Por ejemplo, en la noche mientras el cuerpo y el cerebro descansan y se reponen para tener energía suficiente al nuevo día, también se gatillan procesos orgánicos y secretan sustancias como la hormona del crecimiento o que influyen en la saciedad y metabolismo, o se consolida la memoria, recuerdos y aprendizajes.

La alimentación también impacta sobre el estado de salud y energía diaria, y lo saludable es que las personas cumplan distintas comidas diarias que incluyan diferentes alimentos en porciones adecuadas y sin pasar largos periodos sin comer.

“Las responsabilidades domésticas básicas como hacer la cama, ordenar el cuarto, ayudar a cocinar o poner la mesa son hábitos importantes pues entregan autonomía a los niños en momentos de emergencia”, añade el académico.

Las rutinas que deben ser más flexibles en vacaciones tienen que irse ajustando gradualmente a la que regirá en el año de clases, empezando con cambios al menos una semana antes del ingreso para que se dé la adecuada adaptación del organismo.

Actividades y ocio

Cursos, talleres o campamentos de distintas áreas como idiomas, ciencia, tecnología, deporte o arte son alternativas ampliamente disponibles durante la temporada de vacaciones para escolares.
El doctor Gatica afirma que es muy recomendable que niños y niñas puedan participar en instancias de este tipo que permiten aprovechar su tiempo libro, porque influyen en sus aprendizajes y habilidades socioemocionales.

“Estas actividades permiten explorar sus habilidades e intereses, además representan una excelente oportunidad de conocer a otras personas, aprendiendo a compartir y convivir”, destaca.

Para que cumplan realmente estos propósitos, la psicóloga Tihare Ramírez releva que lo crucial es que sean instancias gratificantes, que permitan aprender y disfrutar, por lo que deben ir acorde a las potencialidades e intereses del niño o adolescente, no impuestas sin mediación por los padres en torno a ámbitos que se asocien a dificultades, por ejemplo, porque puede ser contraproducente y generar ansiedad, frustración o agobio.

Por eso considera fundamental conocer qué les gusta a los hijos y llegar a acuerdos en relación a lo beneficioso, agradable y posible de ofrecer según la realidad de cada familia. En este escenario sugiere “conversar y dar un par de opciones para que el niño tome la decisión de qué actividad podría realizar”.

Tampoco hay que sobrecargar de actividades, para dejar espacio al tiempo para el ocio, el juego y la recreación que también son cruciales para el desarrollo y bienestar integral a lo largo del ciclo vital, enfatiza.

Valor del aburrimiento

Sentir aburrimiento puede ser consecuencia de tener tiempo libre. Es una sensación poco agradable, por lo que muchos padres intentan mantener a sus hijos ocupados, también lo intentan personas adultas, si bien aburrirse es una oportunidad valiosa y necesaria para el desarrollo a la que no se debe temer y hay que dar espacio, según plantea el académico Sergio Gatica.

Y es que insta a sobrellevar adecuadamente la sensación, sin caer en frustración y explorar alternativas que permitan hacer uso del tiempo y entretenerse. “Estar aburrido puede ayudar a generar estados motivacionales internos para superar el estado: hay niños que cuando están aburridos se ofrecen para ayudar en casa, ordenan sus juguetes, dibujan, etcétera”, releva.

En este sentido es que el aburrimiento y su afrontamiento se transforman en espacio para fomentar habilidades como la gestión emocional, creatividad, resolución de problemas y autonomía que son cruciales para el aprendizaje y desenvolvimiento social.

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