Incendios como los ocurridos recientemente en Biobío no sólo provocan emergencias y daños en el presente, también generan marcas profundas y trascendentes en varios ámbitos que determinan el futuro; desde la historia de personas, comunidades y territorios que sufren la tragedia, hasta las cualidades de vitales ecosistemas y suelos que son destruidos por el fuego.
En las amenazas para el presente y futuro está a la seguridad alimentaria, uno de los pilares de la salud bienestar humano, y debería considerarse eje crítico en los planes de gestión de riesgo, y con sentido de urgencia en el escenario de crisis climática que aumenta las condiciones propicias para que se generen eventos de grandes proporciones y afecten a lugares que dependen de sus tierras, como tantas localidades de la Región y el país.
Son grandes conclusiones de una reciente investigación internacional e interdisciplinaria de la que participó la doctora Claudia Troncoso, académica del Departamento de Salud Pública de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Ucsc), nutricionista y especialista en investigación gerontológica y salud pública.
“Impacto de los incendios en la seguridad alimentaria y el acceso a una alimentación saludable” se titula el trabajo que se publicó en la Revista Española de Nutrición Humana y Dietética, poco tiempo antes de los recientes megaincendios, reuniendo a investigadores de Chile, España, México y Colombia para entregar reflexiones y recomendaciones para afrontar mejor esta compleja problemática social.
La investigadora releva como el principal resultado del estudio que los incendios impactan de forma directa e indirecta, progresiva y a distintos plazos, en todas las dimensiones de la seguridad alimentaria.
Al respecto explica que la seguridad alimentaria es una condición en que las personas tienen acceso a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades nutricionales y preferencias alimentarias a lo largo del tiempo.
“La seguridad alimentaria cementa la calidad de vida y el desarrollo sostenible de las personas y comunidades. Es esencial para la salud y el bienestar toda la trayectoria vital, ya que previene la malnutrición y enfermedades asociadas a deficiencias o excesos de nutrientes”, enfatiza.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) considera que la seguridad alimentaria tiene cuatro componentes fundamentales: disponibilidad de alimentos, asegurando que exista suficiente producción o importación; acceso a alimentos, con capacidad económica y física para obtenerlos; utilización, que permita aprovechar los nutrientes que aportan; y estabilidad, garantizando que el acceso y disponibilidad se mantengan constantes.
Y los incendios forestales afectan simultáneamente disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad, asegura.
Es así que queda en riesgo la alimentación y salud de personas y comunidades, sobre todo en grupos más vulnerables como niños y personas mayores, advierte la académica.
La afectación de los incendios en la seguridad alimentaria se manifiesta en efectos y plazos diversos, partiendo por destrucción de cultivos, muerte de ganado e interrupción de cadenas de almacenamiento y distribución de alimentos, pasando por contaminación, hasta degradación de suelos donde se desarrollan las actividades productivas.
La doctora Troncoso destaca que estos efectos dificultan el acceso a alimentos seguros y nutritivos e incrementan riesgos de malnutrición, además perjudican las economías y el desarrollo, sobre todo en comunidades que dependen de la producción local: “se reducen los alimentos frescos, suben los precios y se profundizan las desigualdades en salud y nutrición”.
La investigación evidenció que los impactos de un incendio en la seguridad alimentaria y alimentación se dan la emergencia y por un largo periodo.
“En primera instancia el incendio provoca la destrucción de cultivos, ganado e infraestructuras agrícolas, lo que reduce de forma inmediata la disponibilidad de alimentos, y altera el acceso físico y económico debido a la interrupción de las cadenas de suministro y al aumento de precios”, expone la doctora Claudia Troncoso.
En paralelo se depositan cenizas y liberan compuestos tóxicos que contaminan y dañan suelos, agua y alimentos, comprometiendo la inocuidad y utilización.
La investigadora explica que los efectos se manifiestan de forma inmediata o los meses posteriores.
A mediano y largo plazo, incluso años, las repercusiones son por la degradación del suelo, cuya fertilidad puede tardar años en recuperarse. Esto puede generar reducción sostenida de la productividad, persistencia de contaminantes, y cambios en confianza y patrones de consumo de alimentos locales, detalla.
Otro efecto crítico es en torno a la relación estrecha entre salud mental, alimentación y nutrición. La investigadora explica que los desastres son episodios altamente estresantes que impactan el estado emocional y mental, pudiendo aparecer síntomas como ansiedad que lleven a cambios en los patrones alimentarios y sobre todo a mayor consumo de productos ultraprocesados como mecanismo de afrontamiento.
Estos se caracterizan por su composición rica en nutrientes críticos como azúcares o grasas saturadas, cuyo consumo en exceso es nocivo.
Y se suman los trastornos del sueño como insomnio que alteran el estado anímico y metabolismo.
Los distintos efectos se pueden traducir en dietas con menos variedad y calidad nutricional, pudiendo aumentar el riesgo de malnutrición por déficit o excesos que pueden llevar a desarrollar o agravar patologías crónicas. Además, se puede comprometer la inocuidad y aumentar el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos.
Sugerencias
Tras un desastre, en un contexto de crisis climática, dentro de territorios donde la agricultura y ganadería son cruciales, las evidencias interpelan a tomar acciones para resguardar la seguridad alimentaria y bienestar del presente y futuro.
Entre las prioridades en lo emergente, Troncoso destaca mantener la continuidad cadena de distribución y garantizar el abastecimiento inmediato de agua potable segura y alimentos frescos, suficientes, seguros y nutritivos.
“Desde una perspectiva futura se recomienda fortalecer la planificación y preparación mediante sistemas alimentarios más resilientes, apoyando a las familias, la gestión y recuperación de suelos, la diversificación productiva y reducción de la dependencia de un solo tipo de producción”, releva.
En esa línea visualiza necesario considerar la seguridad alimentaria en los planes territoriales de gestión de riesgo, junto a educación comunitaria y coordinación intersectorial, para fortalecer la resiliencia de las comunidades y mitigar efectos adversos de los incendios.