Carta al director

A 50 años de Medellín: misión cristiana, justicia social y salud

Por: Diario Concepción | 08 de Septiembre 2018

Señor Director:

Ya a 50 años de la realización de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Medellín, lugar señero que dio pie a la celebración por parte de la Iglesia Latinoamérica y del Caribe a la renovación de una nueva identidad local y la recepción del nuevo ecumenismo propugnado por el Concilio Vaticano II, aún hay temas vigentes que necesitan de una nueva y actualizada mirada.

En ese encuentro, la temática desarrollada fue la justicia social, tema espinoso y difícil de tratar, dado juicios y prejuicios de variado origen. La justicia social es la igualdad de oportunidades y no apela a una homogeneización de la sociedad, sino que al sentimiento cristiano y humano que ante la creación somos seres solidarios con el semejante, es decir con la humanidad toda. ¿Y en salud? Apela a la disminución o aplacamiento de las inequidades sanitarias, que como la entiende la Organización Mundial de la Salud son las “desigualdades evitables en materia de salud entre grupos de población de un mismo país, o entre países”.

Hoy, en nuestro país, podríamos señalar que el “hambre y sed de justicia” ha sido reemplazado por el mercado para acceder a una salud oportuna y de calidad. Esta es una realidad tangible todos los días en las salas y pasillos de los hospitales públicos.

Chile tiene unos de los peores índices de inversión pública en salud per cápita de la OCDE (U$1.915), siendo el cuarto país que menos gastó en ese ítem durante el 2017, sólo superando a Letonia, Turquía y México. Consideremos que el promedio de los países de la OCDE gastaron durante el 2017 US$4.069 per cápita. ¿Qué conlleva esto? Inequidad en el acceso a la salud, falta de justicia social, más enfermedad a los más pobres, los más desprotegidos de la sociedad, siendo la salud no un derecho su obtención sino un bien de consumo por el que pagar. Dios señala que la “tierra y todo lo que en ella se contiene para uso de todos los hombres y de todos los pueblos de modo que los bienes creados puedan llegar a todos, en forma más justa” (Conc. Vat. II, Const. Past. Gaudium et spes, N°. 69) ¿Y qué hacer como cristiano? Ante estas distorsiones creadas por el hombre no podemos quedar al margen o como señalara don Clotario Blest, luchador social incansable: “no podemos permanecer, si somos cristianos, indiferentes y pasivos ante la injusticia social imperante”.

Nicolás Saá
Académico de la Facultad de Medicina Ucsc

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