Penco y Tomé son parte de esta condición. Sin embargo, tras el megaincendio de enero, las consecuencias son sensibles y todavía palpables. Desde Lirquén hasta Dichato el público simplemente no aparece.
Los medios de comunicaciones locales mantendrán puesto su foco noticioso, tal como lo han hecho en el pasado con el seguimiento en otras catástrofes que se han vivido en el Biobío.
Por estas horas son miles las personas que están viviendo y durmiendo en carpas y toldos, en sus terrenos, donde alguna vez estuvo el hogar.
Avanzar en un instrumento específico ya no es sólo una propuesta técnica, sino una necesidad para una gestión más integral de las catástrofes.