La tragedia y el sufrimiento que han golpeado históricamente a nuestra región no admiten improvisaciones ni confianzas en la burocracia.
La historia de nuestra zona ha estado siempre marcada por la resiliencia, por la capacidad inquebrantable de levantarse ante la adversidad y por convertir una crisis en reinvención.
Lo ocurrido demuestra que un servicio de recolección de residuos no admite interrupciones prolongadas ni amplios márgenes para la improvisación.
No es posible que, mientras miles de familias esperan por largos años una solución, existan beneficiarios que mercantilicen un beneficio estatal. Las viviendas sociales no constituyen un activo individual, sino un bien estratégico resguardado por el Estado.
En suma, la vida en comunidad debe cuidarse día a día y constituye un desafío permanente para todos.