Testimonios hoy permiten revisar cómo se desarrolló el procedimiento de movilización. En aquel entonces, Penco ya contaba con sus planes de emergencia en regla.
“La alerta llegó como a la una de la mañana, cuando nosotros ya estábamos atrapados”.
El recuerdo de Martina Fuentes, presidenta de la Junta de Vecinos de Villa Miramar, resume una de las interrogantes que seis meses después siguen presentes tras el megaincendio del 17 de enero, que dejó 20 fallecidos y destruyó cientos de viviendas en distintos puntos del Biobío, entre ellos Lirquén.
Esa discusión volvió a instalarse luego de que el defensor regional del Biobío, Osvaldo Pizarro, sostuviera que la investigación no debería concentrarse únicamente en determinar cómo se originó el fuego, sino también en establecer cómo respondió el sistema de emergencia durante las horas en que miles de personas intentaban escapar de las llamas.
Mientras el Ministerio Público y los querellantes solicitaron ampliar el plazo de investigación para continuar reuniendo antecedentes sobre el origen del incendio y las eventuales responsabilidades de Claudio Luna, único imputado en la causa, quedó abierta otra pregunta: ¿cómo se desarrolló la evacuación aquella noche y de qué manera actuaron las instituciones encargadas de coordinar la emergencia?
Para intentar responder, Diario Concepción recogió diversos testimonios de dirigentes y vecinos de los sectores afectados para contrastarlos con las declaraciones del defensor regional. La reconstrucción muestra que una misma emergencia fue vivida de manera distinta según el barrio.
Martina Fuentes, presidenta de la Junta de Vecinos de Villa Miramar, recuerda que durante toda la tarde los vecinos observaban desde los cerros la columna de humo que avanzaba desde Buen Retiro. Nadie imaginaba que las llamas llegarían hasta la población.
Según dijo, durante horas solo recibieron mensajes informativos del Sistema de Alerta de Emergencia (SAE), sin instrucciones para evacuar: “Lo único que llegaba era la alerta que decía ‘mire a su alrededor’. Pero en ningún momento dijeron evacuar. La alerta llegó como a la una de la mañana, cuando nosotros ya estábamos atrapados en la cancha de Geochile”.
Un recuerdo similar tiene Alexandra Acuña, presidenta de la Junta de Vecinos de Ríos de Chile. La dirigente explicó que, al ver la rapidez con que avanzaba el incendio, decidió avisar por su propia cuenta a los residentes del sector para que no esperaran instrucciones oficiales.
“Las alertas llegaron como a la 1 o 2 de la mañana y ya estaba todo quemado. Yo les dije a mis vecinos que no esperaran las alertas y que salieran; eso fue cerca de las 00:20 horas. Después llegaron los mensajes”, recuerda, enfatizando que la evacuación comenzó por iniciativa de la propia comunidad.
En Geochile, la presidenta de la junta de vecinos, Blanca Valenzuela, sostiene que la primera instrucción para salir del lugar no llegó mediante una alerta SAE, sino a través de una llamada telefónica desde la Municipalidad de Penco.
“Me llamaron de la municipalidad y me dijeron literalmente que tenía que evacuar. Corté el teléfono y avisé inmediatamente a los vecinos por WhatsApp”, afirmó. Sin embargo, añadió que el margen fue mínimo: “Cuando recibí ese llamado fueron solo minutos. No alcanzamos a sacar nada. Cuando logramos salir, el fuego venía prácticamente detrás de nosotros”.
En Antonio Varas, la presidenta de la junta de vecinos, Leticia González, recuerda haber recibido alertas SAE durante la emergencia, aunque ninguna correspondía específicamente a su sector. Según cuenta, los mensajes llegaron cuando el incendio ya afectaba a barrios vecinos, aunque alcanzaron a salir antes de que el fuego comprometiera directamente su población.
En Villa Valparaíso, la secretaria de la junta vecinal, Leonides Sanhueza, sostiene que nunca recibió una alerta SAE, pese a que durante horas observó el avance del incendio desde los cerros. “Si a alguien le llegó, fue muy tarde”, comenta. Además, explicó que el sector solo dispone de una vía de acceso y salida, lo que aumentó la preocupación de los vecinos mientras observaban cómo el fuego avanzaba por los alrededores, aunque aclaró que ninguna casa del sector resultó quemada.
En Malaquías Concha, su presidente, Marco Chacón, recuerda que la noche estuvo marcada por el desconcierto y que no percibió oportunamente la alerta en su teléfono. Mientras conversa con Diario Concepción, una vecina que escucha la entrevista interviene espontáneamente para resumir su propia experiencia: “A mí la evacuación me llegó cuando mi casa ya estaba quemada”.
No todos los testimonios, sin embargo, apuntan en la misma dirección. Por ejemplo, Nayadé Lagos, vecina del sector Andrés Bello, recuerda que en su barrio la alerta permitió evacuar antes de que las llamas alcanzaran las viviendas: “Nosotros salimos cuando pidieron evacuar Séptimo de Línea y Andrés Bello. En ese momento acá todavía no había casas comprometidas; el fuego estaba en el bosque”.
Sin embargo, afirma que durante la maniobra no observó presencia de equipos municipales ni de otras autoridades recorriendo el sector: “Yo no vi bomberos ni autoridades avisando casa por casa. La gente salió por la alerta y porque después se dieron cuenta de que el fuego avanzó súper rápido”, concluyó.
Los testimonios de los vecinos coinciden en un punto: el incendio avanzó mucho más rápido de lo esperado. Esa misma percepción comparte el alcalde de Penco, Rodrigo Vera, aunque desde la perspectiva de la coordinación de la emergencia.
Consultado por Diario Concepción, recuerda que cerca de las 17:30 horas preguntó a los organismos técnicos si existía riesgo de que el fuego alcanzara la comuna, y afirmó: “Nos dijeron que el incendio podía demorar entre seis y siete horas en llegar a Penco”.
Sin embargo, cerca de las 20:30 horas la evaluación cambió y la proyección ya apuntaba a que las llamas llegarían durante la madrugada. Aun así, Vera afirma que el comportamiento del viento le hizo prever un escenario más complejo.
A las 23:30 horas la situación ya era crítica, por lo que se solicitó la activación del Sistema de Alerta de Emergencia (SAE) para los sectores con mayor riesgo, mientras el municipio desarrollaba acciones de coordinación y evacuación.
Pese a ello, reconoce que la emergencia dejó lecciones para la respuesta institucional. Entre ellas menciona la declaración del Estado de Catástrofe y el despliegue militar: “Si hubiésemos tenido a los militares no a las 11:00 horas del día siguiente, sino durante la madrugada, probablemente el daño habría sido menor”, cerró.
La revisión de antecedentes, en mayor o menor medida, permite afirmar que Penco sí contaba al menos con los instrumentos mínimos exigidos por la institucionalidad.
Semanas antes del megaincendio se conoció que, mientras una docena de municipios del Biobío aún no había actualizado sus planes conforme a la Ley 21.364 —que creó el Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Sinapred)—, la comuna disponía de un Plan Comunal para la Reducción del Riesgo de Desastres, un Plan Comunal de Emergencia y procedimientos específicos para incendios forestales.
Finalmente, se consultó a Senapred Biobío respecto de la evaluación institucional de la evacuación, la aplicación de los protocolos contemplados en los planes comunales y regionales, la cronología de las decisiones adoptadas esa noche y los mecanismos utilizados para activar las alertas a la población. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición, el organismo no emitió una respuesta.