Opinión

Nuestra evolución no ha terminado

Por: En el Tintero | 08 de Agosto 2019

Es sabido que nuestra especie ha sufrido cambios evolutivos notables con el paso del tiempo, es decir, de unos pocos millones de años, sin entrar en innecesarios detalles. Específicamente, en cuanto al tamaño de órganos, partiendo de la base que estos tienen diferentes consumos energéticos. Los más consumidores, en relación proporcional a su peso, son el corazón, riñones, cerebro y tubo digestivo. Siendo estos últimos muy parecidos en esto de usar energía.

El tubo digestivo, desde la boca al extremo opuesto, pasando por faringe, esófago, estómago e intestinos, tiene la no despreciable longitud de nueve metros. Se ha sugerido que el incremento cerebral de nuestra especie ha sido posible por una disminución de este retorcido conducto, al no poder aumentarse indefinidamente la tasa metabólica. La evolución ha decidido que el cerebro era más importante, tenemos, entonces, una masa encefálica más grande y más consumidora, y un sistema digestivo desproporcionadamente pequeño para un primate de nuestra talla.

Mediante este astuto recurso, se pudo dar espacio a un desarrollo encefálico mayor, primero, para poder ser competidores eficaces a la hora de pelear por abastecimientos en los supermercados de la selva y, en segundo, pero no por eso menos importante, lidiar con las complejidades crecientes de la actividad en grupos y organizaciones sociedades. Nuestros hirsutos predecesores no la llevaron fácil, no hacía demasiado que se habían bajado de los árboles y nadie parecía particularmente dispuesto a cederles territorio graciosamente.

Ha llegado la hora de otro impulso, para el mundo que viene se necesita aún mejores cerebros, con más altos requerimientos, está por verse a costa de qué.

 

PROCOPIO

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