Opinión

UdeC: la formación de la ciudad universitaria

Con audacia visionaria fueron surgiendo los primeros edificios: la Escuela Dental, Química Industrial, Educación, Farmacia y Derecho. Construcciones asísmicas y que por lo mismo fueron, durante 4 años, hospital de acogida para los enfermos tras el terremoto de 1939.

Por: Diario Concepción | 22 de Mayo 2019
Fotografía: Carolina Echagüe M.

Sergio Carrasco / Armando Cartes

En la formación jurídica de la Universidad de Concepción tuvo mucha importancia un fundador, diputado y profesor de Derecho, Samuel Guzmán García, quien definió desde el primer momento su condición jurídica. Ya en la primera sesión fundacional se aprobó su definición:

“Podemos declarar que deseamos que la Universidad de Concepción sea autónoma, completa i moderna con personería jurídica i por tanto capaz de adquirir derechos i contraer obligaciones, estar facultada para recibir legado i disponer de patrimonio propio. En esta forma no será un gravamen para el Estado i podrá subsistir con vida propia i vigorosa, con independencia del poder central”.

Se planteaba una institución surgida del seno de la sociedad civil, no estatista, pero con una fuerte vocación pública y de servicio.

Los primeros, numerosos y generosos aportes para que pudiera concretarse el proyecto universitario provinieron de muchos vecinos y de 35 municipalidades de Maule al sur. Al comprobarse que no serían suficientes, surgieron las “Donaciones por Sorteos”, iniciativa del regidor Federico Espinosa, antecesora directa de la Lotería de Concepción.

Otro de los aspectos centrales debió referirse a la construcción de los primeros edificios y la creciente conciencia de desarrollar una Ciudad Universitaria. Este es el nombre original y reglamentariamente dispuesto, si bien crecientemente se fue hablando del Barrio o más aún Campus. Ojalá pueda recuperarse, en este primer Centenario, la denominación de Ciudad Universitaria.

En cuanto a ambas obras extraordinarias hubo firmeza y calidad. Lo primero de importancia fue definir entre comprar casas o hacer un gran edificio en el centro de la ciudad. Pero también había otra opción, menos “aterrizada”: formar una gran Ciudad Universitaria, conforme a la experiencia adquirida por el Rector Molina en su viaje de estudios por los Estados Unidos.

El problema era dónde formarla, difícil en una ciudad típicamente española, de manzanas cuadradas. Al fin, el lugar adquirido fue el de las hijuelas del fundo La Toma, de propiedad de la familia Lamas Castro; primero se compraron 6 hectáreas y en diez años se completaron 122. No pocos estuvieron por considerar al sector como inadecuado, pues había coincidencia en que se trataba de terrenos de mala calidad. De hecho, era parte del Barrio de las Pocitas, proveedor máximo de camarones para los vecinos.

Pero con audacia visionaria fueron surgiendo los primeros edificios: la Escuela Dental, Química Industrial, Educación, Farmacia y Derecho. Construcciones asísmicas y que por lo mismo fueron, durante 4 años, hospital de acogida para los enfermos tras el terremoto de 1939 y el colapso del Hospital de la Caridad San Juan de Dios.

Más tarde y por la influencia del arquitecto y urbanista austríaco Karl Brunner, y de los arquitectos chilenos Carlos Miranda y Eduardo San Martín, se fue dando forma a la Ciudad Universitaria, coronada por el imponente Campanil, que es de los años 1941-1942. Como siempre tuvo contradictores por estimarlo un derroche, pero el Rector Molina, suave en la forma y firme en el fondo, no cedió y así nació el principal símbolo de Concepción. Posteriormente, surgió el que llamamos Arco de Medicina y que se mencionaba en la década de 1950 como “la Portada de la Universidad”. Sin embargo, por cambios en las calles de acceso aquello no ocurrió y desde hace varias décadas el ingreso más frecuente es el que antecede a la Facultad de Humanidades y Artes.

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