Opinión

El día para quienes ya no están

Por: Procopio | 01 de Noviembre 2018

Para la Iglesia Católica, hoy es un día para reflexionar, a lo mejor para agradecer o para recordar, término este último muy a propósito porque significa, de su raíz latina, poner de nuevo en el corazón. La fiesta de Todos los Santos refleja la fe en el futuro para quienes viven según el Evangelio, los que están en un lugar reservado para quienes han actuado en conformidad con lo predicado por Jesús.

Se sabe, con algún grado de certeza, que esta conmemoración fue instituida por San Odilón, monje benedictino y Abad de Cluny, en Francia, el año 998. Al cumplirse el milenario de esa festividad, el papa Juan Pablo II recordó que este santo quería exhortar a sus monjes a rezar por los difuntos, una costumbre que comenzó a extenderse para interceder solemnemente por ellos, lo cual, en algunas culturas, representa una verdadera Fiesta de los Muertos, una práctica que acerca los vivos a sus difuntos queridos.

En países anglosajones, la versión de esta fiesta, de parecidas intenciones, es el Halloween, del inglés antiguo all hallow´s eve, que significa víspera de todos los santos. Sin embargo, la antigua cultura de los viejos dioses le ha robado su sentido religioso, para celebrar en su lugar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas.

Lo mejor de todo es que el terror es altamente rentable, en dulces para los niños, máscaras, sentadores disfraces para las damas y de anémicos vampiros para las caballeros, bailes temáticos y nuevas oportunidades para armar otra fiesta etílica, en plena armonía con una cultura de consumo que aprovecha las oportunidades para hacer negocios y de paso tener un comportamiento lo más parecido posible al primer mundo, ventajas por todos lados, una celebración transcultural, más para vivos, que para muertos.

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