Opinión

La obvia debilidad de los divididos

Por: Procopio | 12 de Abril 2018

Como estrategia bélica tanto como para el trabajo político, ambos ámbitos más cercanos de lo que a primera vista parece, el antiguo método de la vieja Roma, sobradamente y reiteradamente probado “divide et impera”, traducido como dividir para reinar, mala traducción, ya que los romanos no querían saber nada con reyes, pero si, y mucho, con ejercer dominio, imperar y el mejor método era debilitar al oponente, mediante hábiles maniobras para enemistarlos, sembrar cizaña, favorecer de modo diferente a algunos de los integrantes de la comunidad, una de las mejores maneras de hacer crecer la envidia y con ella el rencor.

Como la civilización ha avanzado de modo notable, los romanos de antes podrían observar, con singular regocijo, que los colectivos actuales no requieren de sesudas y astutas conspiraciones de sus patricios senadores, para dividirse y abrir nuevas tiendas, podría concluir que de esa manera imperar no tiene ahora mayores problemas.

La diferencia está en que los padres conscriptos del senado romano, no se dividían cuando el desafío era común, hasta ahí llegaban las reyertas y la pelea chica, y, por estos lados, la lucha por encontrar un punto de ventaja contempla el cultivo de divisiones y recelos internos, tratar de obtener por cuenta propia lo que sería más fácil de lograr mediante un esfuerzo común.

La acción opuesta, de notable mayor dificultad, pero al mismo tiempo de mucho mayor fuerza, es reunir el mayor número de actores para la consecución de objetivos de mutuo beneficio. Para nuestra nueva y más pequeña región una sinergia que le permita tener éxito con intentos solidarios para crecer, cerrar las filas de nuestras autoridades a pesar de sus diferencias. Siempre habrá lugar para que cada participante reciba su medalla.

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