Ximena Gauché Marchetti
Vicerrectora de Relaciones Institucionales y Vinculación con el Medio UdeC
En este 2026, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer nos encuentra en un punto de inflexión global. Mientras la ONU convoca a reflexionar sobre igualdad y justicia para mujeres en medio de una agenda mundial que parece fragmentada y con desafíos críticos a los principios acordados en 1945, la esperanza surge de una certeza que debería ser ineludible. La paz y el desarrollo sustentable solo son posibles si sostenemos el multilateralismo, más allá de toda necesaria reflexión crítica sobre su actual funcionamiento.
Sostener la acción conjunta significa reconocer que desafíos como la violencia contra la niñez, la emergencia climática, la transformación digital o el impacto de los cuidados en la autonomía económica de quienes cuidan, por ejemplo, no conocen fronteras. En este escenario, Chile ha dado pasos sustantivos que deben ser destacados con ocasión de esta nueva conmemoración.
La Política Exterior Feminista de nuestro país y su compromiso efectivo con la cooperación internacional, no es solo una declaración de principios: es una herramienta de gobernanza que proyecta valores de igualdad, democracia y justicia desde nuestra identidad latinoamericana hacia la comunidad internacional y que considera el diálogo, integrando el aporte necesario de la academia y la sociedad civil.
Específicamente para las instituciones de educación superior con vocación pública, la cooperación en torno a los derechos de las mujeres no debe ser una agenda aislada al quehacer, sino un eje de internacionalización y una ruta que puede orientar la gestión de las funciones misionales y la gobernanza, especialmente pensando en las nuevas generaciones.
Desde la Universidad de Concepción entendemos que, a través de la vinculación con el medio como misión universitaria, debemos mirar siempre la agenda global y hacernos cargo de los cambios y desafíos de la humanidad, integrándolos de forma transversal en la formación y la investigación. Los tiempos que corren han dejado claro que no basta con firmar tratados. Para ser eficaz, el multilateralismo necesita a los estados con políticas institucionales eficaces y apoyo de la sociedad civil y la academia, con enfoque crítico e interdisciplinario.
Este 8 de marzo, en un mundo que se complejiza a ritmos sorprendentes, ofrece la posibilidad de recordar un lenguaje común: el de la dignidad humana. No como tema solo de mujeres, sino como horizonte para toda la sociedad. Como institución centenaria, debemos ser puentes entre la región y el mundo, contribuyendo a una agenda común para la paz y el desarrollo sustentable que sostenga esa dignidad humana.