Empresa instalada en la comuna costera refleja herencia textil que marcó la historia local. Extrabajdores del rubro y habitantes tomecinos hablan del vínculo con su pasado económico.
En Tomé, el sonido de los telares sigue formando parte del paisaje industrial. Aunque la ciudad ya no vive el auge manufacturero que la caracterizó durante gran parte del siglo XX, algunas plantas textiles mantienen viva una tradición que marcó la identidad económica y social del territorio.
Entre ellas se encuentra Crossville Fabrics Chile, una fábrica dedicada principalmente a la producción de telas de lana y, en menor medida, lino, cuya actividad se orienta casi por completo a los mercados internacionales.
La presencia de esta empresa en Tomé no es casual. La comuna arrastra una larga historia ligada a la manufactura textil, que durante décadas definió su desarrollo urbano y laboral.
La planta de Crossville fue inaugurada en 2004 y forma parte de un conglomerado internacional. Alejandro Muller, gerente de operaciones de la compañía, explica que la firma pertenece al grupo estadounidense Tom James, que reúne distintas empresas textiles y de confección en varios países.
Desde la planta ubicada en Tomé se producen telas de alta calidad destinadas principalmente a la confección de trajes. Muller explica que el enfoque está puesto en materias primas naturales, especialmente lana.
“Trabajamos principalmente con materiales nobles, 100% naturales, donde nuestra mayor producción es telas para trajes. Esto lo enfocamos en lo que es lana 100% y también el lino”, comenta. La empresa fabrica textiles que van desde los llamados Súper 100 hasta los Súper 240, considerados dentro de los más finos dentro de la industria.
Aunque el lino forma parte del catálogo, su participación es menor dentro de la producción. Muller explica que cerca del 85% de lo que se fabrica corresponde a lana o mezclas con otras fibras nobles.

Carolina Echagüe.
El lino, en cambio, se destina principalmente a telas para decoración y algunas líneas acotadas de vestuario. Se trata, según explica, de una fibra muy particular y estacional, apreciada por su calidad, pero con un mercado relativamente limitado.
“El lino es una fibra muy masiva porque es de temporada, es una fibra muy específica, muy especial, que, si bien es muy atractiva, pero tiene un nicho de mercado”, comenta. A pesar de ello, la empresa mantiene esa línea productiva gracias a su carácter versátil dentro del grupo empresarial.
La producción de la planta está orientada casi en su totalidad a satisfacer las necesidades del conglomerado al que pertenece. Según Muller, la mayor parte de lo que se fabrica en Tomé termina fuera del país. “Prácticamente todo nuestro producto es de exportación”, explica.
La empresa emplea a cerca de 350 personas que trabajan en tres turnos de lunes a sábado. Aproximadamente el 90% de los trabajadores proviene de Tomé y la empresa ha mantenido históricamente relaciones con instituciones educacionales de la zona. Aseguran que la dotación laboral se ha mantenido estable en el tiempo, con contratos indefinidos y un promedio de edad cercano a los 50 años.
Dentro de la planta, el trabajo cotidiano mantiene técnicas tradicionales de la industria textil. Nelda, trabajadora con más de una década en la empresa y residente de Tomé, explica que su labor se concentra en el proceso de urdido, una etapa clave para la elaboración de las telas. “Llevo bastantes años trabajando acá, es un grato ambiente. Me desempeño urdiendo algunas telas que se manejan acá. Me gusta el trabajo que hacemos, urdir es lo que siempre he realizado acá en la fábrica”, comenta.
La persistencia de estas actividades conecta con una historia más larga que atraviesa generaciones en la comuna. Durante buena parte del siglo pasado, Tomé fue uno de los principales centros textiles del país. Miles de trabajadores se desempeñaban en fábricas que abastecían tanto el mercado nacional como internacional.
Uno de los símbolos de esa época fue la Fábrica de Paños Bellavista Oveja Tomé, una industria que marcó la vida cotidiana de la ciudad durante décadas. Luis Aravena, ex trabajador del rubro, recuerda ese período como una etapa de intensa actividad industrial.
“Cuando uno mira lo que fue Tomé en el siglo pasado, entiende por qué todavía existe una identidad tan fuerte con el mundo textil. Yo trabajé varios años en la Fábrica de Paños Bellavista Oveja Tomé, que en su momento llegó a ser una de las industrias más importantes del sur de Chile. En los años 60 y 70 la ciudad giraba en torno a las fábricas: miles de personas vivían de la manufactura de telas y paños, y prácticamente cada familia tenía a alguien trabajando en la industria. Tomé era conocida en todo el país por su producción textil”, relata.
El impacto de esa industria no solo se reflejaba en el empleo. También moldeó el desarrollo urbano y comercial de la comuna. Elena Contreras, vecina del sector Bellavista, recuerda cómo la ciudad se organizaba alrededor de los turnos de las fábricas.
“Antes la industria textil era el corazón de Tomé. Cuando funcionaba la Fábrica de Paños Bellavista Oveja Tomé, la comuna tenía una vida muy distinta: había comercio, movimiento y muchas oportunidades de trabajo. Era común ver salir a cientos de trabajadores en los cambios de turno y la ciudad se desarrolló alrededor de esas fábricas”, señala.
Sin embargo, el futuro de esta actividad también depende de variables externas que escapan al control local. Muller advierte que la industria textil, al igual que muchas otras actividades exportadoras, podría verse afectada por la creciente incertidumbre internacional.
El ejecutivo señala que el año pasado fue particularmente complejo debido a una caída en la demanda global. Para este año se espera una leve recuperación, aunque todo dependerá del contexto mundial. “Este año debería ser un poco mejor que el año pasado, ya que el anterior fue un mal año. Se vio un retroceso en la demanda en general”, comenta.