Opinión

Manual básico del caudillo incipiente

Por: Procopio | 10 de Abril 2018

Hay ocasiones en las cuales se puede pensar que llegamos tarde a una oportunidad que no tenía nada de complejo. En ese sentido está el ejemplo de las recomendaciones del historiador francés Francois Chevalier, quien señala que el caudillismo “es propio de una sociedad con sistema democrático inmaduro y grandes diferencias sociales. Es propio de una sociedad donde personas poderosas prepotentes no aceptan el juego político en igualdad de términos”.

Puede ser que nuestro país no tenga ese perfil, pero en algunos rincones podría ser, o en algunos ámbitos, allí las observaciones de messeiur Chevalier resultan ajustadas; reconoce que el caudillo sabe que teclas apretar en el momento justo. Para asegurarse el control de su partido impulsa campañas para hacer crecer la militancia. Poco a poco, incorpora al partido a nuevos militantes reclutados en función de una adhesión de incondicionalidad a su persona, prometiendo a cambio empleo o prebendas.

Apenas puede manejar una parte de la gestión del partido, contrata algunos incondicionales y de a poco va cambiando el perfil de la administración a su gusto. También sabe aprovechar las debilidades de sus adversarios y las convierte en sus fortalezas.

No se requiere mayores luces técnicas, poniendo singular entusiasmo y ensayando las notas apropiadas lanza discursos aprendidos de memoria, organizar pequeños proyectos para los barrios, recorre las poblaciones, manzana por manzana, prometiendo cosas pequeñas, palmoteando espaldas, llevando empanadas a los clubes, repartiendo pelotas de fútbol, canasta familiares, besando a las guaguas, sonriendo, inaugurando columpios, barandas, centros sociales, multicanchas. Resulta tentador probar los potenciales de este manual.

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