Opinión

Habilidades para cambiar de traje

Por: Procopio | 08 de Abril 2018

El apasionante juego del reparto de puestos no está completamente cerrado, en realidad nunca lo está, pero se ha vivido jornadas de intenso dramatismo a la hora de buscar la justa compensación a tanto sacrificio por el bien de la Patria. Las maniobra políticas para la conservación del poder y la influencia,- dos monedas con la cual se paga casi todo lo que vale la pena-, están ya en su fase de asentamiento, con algunos esperanzadores flecos pendientes para aquellos que todavía no encuentran  su, para ellos justo,  lugar bajo el sol.

Nuestros representantes están, con renovados bríos, ocupados en las recónditas maniobras de la, por ellos,  llamada alta política. En medio de rituales conocidos se acomodan las piezas en el tablero, con una cercana similitud al juego de ajedrez. Aunque es un ajedrez un tanto especial, ya que a diferencia del juego clásico, aquí las reglas cambian continuamente, aunque básicamente se trata de combinar con mesurados  cálculos el rol que desempeñan las diferentes piezas, las cuales son utilizadas con tanta astucia como pocos escrúpulos. En el arte de lo posible no siempre los caballos se mueven en ángulo, ni los alfiles oblicuamente. Además, hay ilimitados enroques, que permiten un ágil bajo perfil hasta que la tormenta pase y a poca distancia,  del rey y la reina, según corresponda.

La otra apasionante característica de este juego, es que se requiere que los jugadores se puedan cambiar los colores de la vestimenta con rapidez y elegancia, en el momento oportuno, para estar a tono de lo que se use en la fiesta del momento, rara virtud que deja a muchos de lentos reflejos, o simplemente distraídos, enterrados en los recovecos de la historia, o por lo menos, hasta el próximo proceso eleccionario, ya que en este juego casi nunca hay jaque mate.

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