Opinión

Lo que cuesta armar una ciudad

Por: Procopio | 05 de Abril 2018

Nunca la tuvimos demasiado fácil, Valdivia instala a la ciudad en la bahía de Penco, después de haber tenido un encuentro demasiado inamistoso con varios miles de araucanos a este lado del río Andalién. En medio de mortíferos enfrentamientos entre españoles y mapuches, ocurre el primer terremoto, con agrietamiento de la tierra y todo abajo, un miércoles de ceniza del 8 de Febrero de 1570.

La descripción de los cronistas de la época es objetiva, respecto a los sufridos colonos peninsulares, relatan: “era admirable cosa verlo, de manera que los que andaban por la ciudad no sabían que hacer, creyendo que el mundo se acababa”, agregan que los vecinos fueron testigos de cómo el mar terminaba de destruir la ciudad.

No sería la única vez, hubo otros tres grandes terremotos, de similares características, sismo destructor y maremotos, las descripciones para estos fenómenos de 1657, 1730 y, el definitivo, 1751, son aterradoras; “retirándose el mar por tres veces, tres veces volvió con más furia, con todo el peso de aquellos montes de agua, i salvando la playa se entró sin resistencia en la ciudad…”.

Ese último terremoto y maremoto terminó con la paciencia de muchos, se propuso cambiar de lugar, reconstruir la ciudad en otro sitio. Con discordias entre vecinos, con los conflictos entre la autoridad civil y la iglesia, así, por trece años, la ciudad anduvo dispersa, a medio morir saltando.

Los penquistas, cuyo gentilicio informa del sito original de su fundación, Penco, han seguido viviendo esta devastadora vivencia sísmica, pero mantienen la misma fuerza de propósito, ponerse de pie de nuevo, las veces que haga falta. La misma y orgullosa vieja, y siempre nueva ciudad de Concepción, que algunos deciden rayar y ensuciar, como si no importara.

Procopio

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